Las dos orillas

Torre nueva

La Torre Sevilla está predestinada al éxito. Ese mirador de la planta 37 es ideal para las novelerías

Comparada con la Giralda, cualquier torre que establezca un diálogo arquitectónico al otro lado del río será considerada una herejía. Pero todas tienen su tiempo y su momento. En Sevilla gusta mucho una torre, casi igual que un caballo y más que un peón. Y, por ello, la Torre Sevilla está predestinada al éxito. Ese mirador de la planta 37 es ideal para las novelerías. Y el hotel de cinco estrellas de Hotusa, con sus 19 plantas, contará con muchos clientes. Lo han ampliado, antes de empezar, por la demanda que se detecta, según informó el presidente de Hotusa, Amancio López.

Ya se ha explicado que la apertura, a mediados de septiembre, contará con una tarifa especial para los sevillanos (y sevillanas), que por 100 euritos tendrán alojamiento, desayuno y spa a 150 metros de altura. Una medida inteligente para darle renombre a esta torre. Olvidados quedarán aquellos tiempos oscuros en que era puesta a parir un día sí y otro también.

En la Expo 92 pasó lo mismo, 25 años antes. Se recordaba el lunes pasado en la reunión de El Cubo de las Ideas, que organizan CEU Andalucía y el Grupo Abades. La directora general del Parque Tecnológico Cartuja, Teresa Sáez, destacaba que aporta una facturación de más de 2.000 millones. Sin embargo, la buena gente todavía lo ignora, y se habla de la cantidad de jaramagos, tan comunes en esa isla. En el 93, cuando arrancaba aquello, se consideraba la isla de la Cartuja como un criadero de jaramagos y se daba por supuesto el fracaso. Las empresas ubicadas allí se quejan de la limpieza, porque no es fácil dejar esa isla más limpia que una patena. Y los jaramagos vuelven a lo suyo.

Ninguno de los presentes mencionamos la Torre Schindler, que fue la torre de la Expo 92, con bonitas vistas, que ya parecen catetas, comparadas con la Torre de Sevilla del siglo XXI. A César Pelli le han quitado la denominación de origen, como le pasó a Guillermo Vázquez Consuegra, que fue el padre de la Torre Schindler y nadie la llamó nunca por su nombre, sino por el de la marca suiza de ascensores que la patrocinaba. También es verdad que sería un tostón si le pusieran el nombre de este prolifíco arquitecto a todas sus obras.

Asi que ya no emociona la Torre Schindler de Vázquez Consuegra, sino que ahora lo más guay es el hotel de cinco estrellas de la Torre Sevilla de Pelli, y las vistas desde el mirador de la planta 37. Cada 25 años, la gente se asoma a una torre nueva. Y después se quejan de que ninguna, en realidad, es tan bonita como la Giralda.

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