Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Torres más altas cayeron, cuidado

19 de marzo 2015 - 01:00

TODO fue tan bien encarrilado hace una semana en el corazón de La Plana que lo de hoy se podría esperar como un trámite si no estuviésemos hablando de fútbol. Torres inmensamente altas cayeron a lo largo y ancho de la historia de este hermoso invento, por lo que el pleito con el Villarreal no puede ni debe darse por concluido. Ni siquiera que a la ventaja cobrada en la ida se añada la superioridad del Sevilla deja las cosas resueltas.

También la estadística juega a favor de un Sevilla al que un día vi cómo perdía un partido ganado en el último minuto gracias a un gol del brasileño Belletti, cómo una victoria se iba al garete por un pelotazo de Arruabarrena sobre la campana o cómo Kanouté daba un recital de errores en su primer partido con el Sevilla de visitante. Sin embargo, la historia dice que no es el Sevilla el rival, precisamente, más mollar para un Villarreal que tiene sus mismos objetivos.

Lo más probable es que el ambiente de euforia que estos días se vive en Nervión se alargue hasta el minuto noventa. Fue muy fuerte el campanazo tañido hace una semana en El Madrigal y muy fuertes también las sensaciones que da este Sevilla de Unai. No habría lugar para la inquietud, pues un rodeo que se mantiene invicto desde hace un año no parece proclive como para que el Villarreal, un magnífico equipo, logre la hombrada de marcar tres goles como mínimo.

En este día de San José, Nervión habrá de escenificar una fiesta, una más, con permiso del Villarreal y de sus circunstancias. El equipo de Marcelino me imagino que aún no habrá salido del asombro producido por cómo el Sevilla rentabilizó la batalla aérea. Y lo cierto es que no se recuerda un recital aéreo como el de hace una semana, pero sería conveniente no dar rienda suelta a la euforia hasta que el pleito no se haya sentenciado. Fútbol es fútbol y torres más altas cayeron.

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