Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Vacunar, vacunar...

Habrá que preguntarse de qué ha servido el confinamiento provincial si al final ha entrado la cuarta ola

El dilema no existe. Se nos planteó el verano pasado y se volvió a repetir en Navidad con el resultado que se conoce de sobra. Y ahora se reitera otra vez en los mismos términos: hay que elegir entre salud pública y cierta reactivación de la economía. Pero no es así. No habrá plena recuperación de la actividad y de la normalidad social hasta que la pandemia esté plenamente superada y eso sólo es posible vacunando a un porcentaje muy mayoritario de la población y, mientras tanto, manteniendo, en pie todas las restricciones a la movilidad que hayan demostrado su eficacia. Lo han dicho numerosos informes económicos en toda Europa y el último en pronunciarse entre nosotros ha sido el Banco de España: sólo con la inmunización masiva va a ser posible repuntar la economía y alcanzar la normalidad en un plazo relativamente corto de tiempo.

Cualquiera que haya paseado esta semana por Sevilla y haya visto las terrazas y algunos interiores de los bares a rebosar, las colas a las puertas de las iglesias en las que se veneran las imágenes con más tirón popular y el ambiente en las calles no podrá extrañarse de que en los próximos días volvamos a hablar de curvas al alza, nuevas variantes y presión hospitalaria. Aun así, hemos tenido suerte y aquí no ha habido que soportar el asalto de oleadas de jóvenes franceses a la búsqueda de alcohol y juerga que se han hecho los protagonistas de la vida callejera en Madrid y otras ciudades. Cabe preguntarse de qué ha servido el confinamiento provincial si al final, de una u otra forma, le hemos abierto las puertas a la cuarta ola.

El cansancio de todos y la desesperación de los sectores que viven de una actividad social sin limitaciones ha hecho que se hayan vuelto a cometer los mismos errores y que los gobiernos central y autonómicos hayan dejado que, otra vez, se les vaya de la mano el asunto más grave al que han tenido que hacer frente en décadas. No es fácil aguantar la presión que llega desde numerosos frentes, pero el precio que se paga es demasiado alto.

Pasada la Semana Santa habrá que volver a plantearse algunas de las cosas que se han hecho. Pero sobre todo tener claro que en estos momentos no puede haber otro objetivo que vacunar y que todos los esfuerzos deben centrarse en eso. La situación actual en la que nadie sabe muy bien ni cuándo ni cómo le va a tocar añade confusión a una situación muy complicada. No se está haciendo bien ni desde el punto de vista de la adquisición de la dosis, en lo que la Unión Europea está cosechando un fracaso de dimensiones espectaculares, ni desde el de la administración. Todo va con retraso y ese retraso cuesta vidas y miseria económica.

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