La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El muy amortizado Fernando Simón

Quizás lo más grave no es el sexismo de su comentario, sino la falta de seriedad y la evidente frivolidad del sujeto

Fernando Simón Fernando Simón

Fernando Simón

Andalucía ya tiene más hospitalizados por coronavirus que en marzo. Los informativos ofrecen imágenes de altercados en ciudades que rara vez salen en los telediarios, como Logroño o León. Los expertos advierten de que la letalidad subirá cuando los servicios sanitarios se colapsen. El que quiera huir de la realidad que no salga a la calle ni conecte la televisión. Todo pinta en negro. La pandemia saca lo peor de la sociedad. Pero el amortizado Fernando Simón, portavoz oficial de estos meses que nos ha tocado vivir, se muestra deshinibido, frivolón, desvergonzado y desahogado. Concede entrevistas de hora y media a dos hermanos escaladores, no a informadores profesionales. Lo peor no es que diera respuestas sexistas, cuando aludió entre risas a las "enfermeras infecciosas", de las que no sabe si lo son o no hasta después de conocerlas. Eso es quizás lo de menos. Además, si lo ha dicho un alto cargo de un Gobierno de izquierdas, ya ven el silencio que se percibe entre las feministas... profesionales. Lo grave es que Simón ofrezca esa imagen en una nación que ya ha visto a los muertos en un palacio de hielo, ha sufrido cómo faltaban respiradores artificiales para salvar vidas la pasada primavera, y cómo se hunden sectores tradicionalmente fuertes de nuestra economía como el turismo y la hostelería. No es serio este portavoz. Dejó de serlo hace tiempo. Es eso: un personaje amortizado por sus errores técnicos y por sus licencias frívolas. Se exige más de su cargo. No nos importa su sentido del humor, sus deportes preferidos, ni nada de esa información banal que se difunde en las redes sociales para saciar el pequeño gran ego de cada uno. El tipo se marchó de una rueda de prensa sobre la pandemia porque tenía un "compromiso importante", según explicó a los periodistas de los que se despidió con prisas. Se trataba precisamente de la entrevista con dos aficionados al género. Queremos un portavoz que no haga el chufla, que no se convierta en noticia en sí mismo por sus frivolidades, que ofrezca una explicación prudente y ajustada de la evolución de la pandemia. No se trata de exigir un adivino, un oráculo, ni mucho menos un curandero. Tan sólo alguien que se no se ría públicamente con estupideces en momentos de severas dificultades. Se llama educación, saber estar y tacto. Si está presionado por las circunstancias, siempre gozará de su ámbito privado para hacer el indio. Las comparecencias del portavoz de la pandemia no deben ser un show. Simón era un desconocido antes del coronavirus. Y será un personajillo para el olvido cuando todo pase.

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