La antipatía del taxi

Estas medidas de protesta no se pueden permitir con la ligereza y el desparpajo que vemos en Sevilla

Las protestas deben ser justas y necesarias. Además deben tener una motivación coherente. Los taxistas han perdido la unidad y en algunos casos las maneras. Ayer se vio, una vez más, con el conflicto de tráfico que montó la asociación Elite, a la que al parecer se sumaron unos 800 taxistas, entre ellos algunos procedentes de otras ciudades andaluzas. Una protesta que perjudicó el tráfico en la Ronda Histórica y la Cartuja no puede durar cuatro horas. Origina el fin contrario al deseado. Nadie lo entiende. Parece desproporcionado y provoca antipatías. No es la mejor forma de buscar apoyos en este conflicto.

El tráfico no es patrimonio de los taxistas. Es de todos. También de los ciudadanos que pagan impuestos por circular. También de los trabajadores que utilizan el vehículo para acudir a sus oficinas. También de los repartidores. También de los que lo utilizan por necesidad, para una urgencia, o lo que sea. Por ello, estas medidas de protesta no se pueden permitir con la ligereza y el desparpajo que vemos en Sevilla. También vemos que el alcalde, Juan Espadas, lo critica, como uno más, cuando lo que debe hacer es evitarlo.

Además, lo principal es que no hay motivo, ni todo el sector participó. Había otros taxistas trabajando con normalidad. Y no por esquiroleo, sino porque pertenecen a grupos que mantienen otros criterios. La gente está harta del conflicto entre el sector del taxi y los VTC. Pero lo más pintoresco es que aún está pendiente la regulación. A los taxistas de la protesta no les gusta el borrador elaborado por la Junta de Andalucía. Pero como recordó el viceconsejero de Fomento, Jaime Raynaud, todavía no se ha aprobado.

En consecuencia, ayer se organizó una protesta, que perturbó a cientos de personas, por un borrador. Por algo que todavía no se ha aprobado y que se encuentra en fase de elaboración. Los taxistas tienen derecho a defender sus posturas, y también a exigir el cumplimiento del número de los VTC. Sin embargo, la proporcionalidad entre la protesta y el problema es imprescindible. Es incluso aconsejable. Porque el taxi depende de sus clientes.

Un sector creciente de la sociedad, sobre todo jóvenes profesionales, son cada vez más partidarios de los VTC. En las fiestas señalaítas, como la Semana Santa y la Feria, los taxistas tienen una gran oportunidad de ganar amigos y clientes para el resto del año. Pero si se dedican a fastidiarlos, en el periodo entre fiestas, es difícil pedirles apoyo y comprensión. Más difícil aún cuando la protesta es exagerada y bordea lo incomprensible.

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