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Tomás García Rodríguez

La arboleda china de Sevilla

El naranjo amargo, la melia y la sófora suponen un tercio de los árboles que pueblan la ciudad

23 de julio 2022 - 01:46

La deslumbrante cultura china, engendrada en una de las cunas de la civilización humana, siempre ha mantenido una estrecha relación con las plantas de su entorno, cuidándolas con veneración. No se comprenden las costumbres, la filosofía de vida y el sentimiento de los pobladores de este gran país asiático si no atendemos a los árboles que aman, cultivan y difunden desde antaño. En ese sentido, resulta ilustrativa la jerarquía que establecieron hace miles de años con los cinco árboles conmemorativos destinados a sus cementerios, traduciéndose en una escala según la relevancia social: el pino, reservado a los reyes; la tuya, a los príncipes; la sófora, dedicada al alto nivel nobiliario; el jabonero de la China, erigido junto a tumbas de poetas y eruditos; los álamos, en el escalafón inferior, acompañando los enterramientos del pueblo llano en general.

Sevilla presenta una gran diversidad vegetal en sus calles, plazas y jardines, siendo la quinta capital de provincia en cuanto a superficie verde por cada habitante. Tres árboles de origen chino suponen en conjunto más de un tercio de los que pueblan la ciudad: el naranjo amargo, la melia y la sófora. El naranjo amargo o naranjo de Sevilla -Citrus aurantium- es un híbrido que constituye una cuarta parte del total arbóreo, con casi cincuenta mil ejemplares; traído por los musulmanes hacia el siglo X, su serena imagen siempre verde y su embriagador azahar trazan un símbolo resplandeciente de la capital del Guadalquivir. La melia o cinamomo -Melia azedarach- ocupa un lugar preeminente a pesar de innecesarias talas, acompañándonos con sus fragantes flores azul cielo y anunciando la arribada de la explosiva primavera hispalense. Asimismo, abundan las sóforas o acacias del Japón en parques y alineaciones callejeras, ofreciendo sus pequeñas flores amarillo-cremosas en magníficos racimos paniculares a comienzos de verano, cuando se mitiga el colorido de la arboleda urbana; sus frutos son legumbres estranguladas con semillas globosas que cuelgan a modo de rosarios implorantes y que nos transportan a sus legendarias regiones nativas.

Además de las plantas mencionadas, pueden admirarse de manera más dispersa otras especies míticas provenientes de la legendaria Catay: el jabonero de la China, con sus frutos-farolillos; el ancestral ginkgo; la singular acacia de Constantinopla, con sus plumosas inflorescencias rosadas; el selvático parasol de la China; el majestuoso laurel de Indias; la sedosa morera blanca; el artístico árbol de Júpiter que, con sus maravillosas flores rosas, embellece en la estación estival lugares emblemáticos como la Plaza Nueva, el jardín del Archivo de Indias o las plazuelas del Cristo de Burgos, del Duque y del Museo. Así pues, a través de sus árboles, el sublime espíritu de este milenario país nos sorprende en cualquier rincón para recordarnos que todo lo noble que nos llega hemos de absorberlo, aderezarlo a nuestro modo e integrarlo en la distintiva esencia de Sevilla.

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