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La 'bacalá'

¿Se acuerdan de cómo era la factura de teléfono antes de la invasión de los móviles?

El hecho de tener memoria es un arma de doble filo. Por algo es selectiva. Con la edad, lo cual debe ser un mecanismo de defensa, se recuerda lo positivo, lo importante, lo que interesa. El tiempo hace que se suavicen los momentos desagradables, las situaciones comprometidas, los malos ratos, al menos en numerosas ocasiones, y pobre de aquél al que no le ocurra esta desmemoria. De no ser así no sería posible la convivencia ni la vida personal sería llevadera.

Acordarse de cosas, como decía el chiste, tiene su parte buena y su parte mala. En este caso lo segundo. ¿Se acuerdan de cómo era la factura de teléfono antes de la invasión de los móviles? Se pagaba por una línea fija mil y pico o dos mil pesetas cada dos meses. Puesta la cosa en euros, unos quince o veinte como mucho. Y una sola línea para toda la familia. Ahora, eche números. Tómese antes un analgésico para el dolor de cabeza y coja lápiz y papel. Sume lo que paga por sus móviles y los del resto de la familia. Tendrá que tomarse otro analgésico o uno de mayor potencia, tal vez un vasodilatador coronario. Sume a esto lo que cuesta cada aparatito móvil que le durará pocos años por causa de lo que llaman obsolescencia programada, es decir que en unos años, pocos, estará anticuado y tendrá que comprar otro mucho más caro. No tome más comprimidos vaya a ser que se intoxique.

Aunque se encuentre al borde del infarto, no se preocupe. Lo peor está por llegar. Como las empresas son insaciables y las de telefonía, igual que las eléctricas, aún más, van a subir las tarifas. Las dos más importantes se han puesto de acuerdo en elevarlas. Aunque son feroces competidoras a la caza del cliente, en este caso podríamos llamarle víctima, en esto han llegado fácilmente al acuerdo. Podrá alegarse que basta con darse de baja, pero como sabemos todos no es nada fácil. Además, cuando se prueba el caramelo crea adicción, aunque éste sea envenenado. La justificación es la mayor tecnología y el aumento del número de megas disponibles. Pero los que ni somos ministros, ni personas importantes, como es mi caso, y no necesitamos estar permanentemente conectados al resto del planeta ni llevar a cuestas todos los medios tecnológicos para su uso inmediato, ¿por qué tenemos que pagar estas hinchadas facturas sin alternativa posible? Lo dicho: nos han metido otra bacalá y a ver quién es el guapo que se escapa de ella. Carpe diem.

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