Tribuna económica

Gumersindo Ruiz

Una burbuja en los bonos

HAY una rara unanimidad entre los analistas sobre la oportunidad de invertir en bonos de deuda. El mercado de renta fija siempre ha sido más complejo que el de renta variable, como ha puesto de manifiesto la crisis, con productos y estructuras que han permitido un endeudamiento impensable hace sólo unos años; y esto no cambia en el análisis actual.

La deuda pública se sitúa entre las emisiones que han de realizar los estados para hacer frente a los compromisos asumidos ante la crisis, que forzarían al alza los tipos de interés, y por otra parte la fuerte demanda de deuda de alta calidad. Los casi 3.000 millones de millones de deuda que se estima van a necesitar los estados soberanos, ¿serán cubiertos a tipos relativamente bajos por inversores cuya aversión al riesgo les dirige casi en exclusiva hacia la deuda pública? Se ha hablado mucho estos días de que Alemania no ha conseguido colocar completamente 6.000 millones de euros de deuda a diez años en subasta, pero no se ha destacado el tipo al que la vendía, inferior al 3%, por debajo de como está la deuda a tres meses. España ha colocado más de 5.000 millones a plazos de 3 y 5 años, y a tipos medios entre el 3,07% y el 3,42%. Estos tipos me parecen bajos y, por tanto considero caro el bono de deuda.

Las empresas con alta calificación crediticia tratan de compensar la falta de crédito bancario con emisiones. Hay demanda de deuda de calidad en operaciones donde el tipo de interés y el plazo están pactados con los inversores. Quizás veamos pronto cómo los gobiernos cambian sus sistemas de subasta a operaciones sindicadas de deuda hechas a medida. La competencia bancaria por la financiación minorista está disminuyendo ante la menor demanda de crédito y las facilidades que encuentran por parte de bancos centrales y programas públicos de liquidez, lo que debería llevar a una reducción de la remuneración al ahorro.

Los bonos convertibles se han puesto también de moda, y varios fondos de inversión han logrado atraer partícipes que esperan rentabilidades en torno al 6% en tres o cuatro años. El interés por los convertibles está en que más de dos tercios de este tipo de activos, que tiene un volumen de unos 274.000 millones, está en poder de hedge funds que se ven obligados a ventas forzadas al aumentar los reembolsos y no encontrar financiación. Sin embargo, las mejores oportunidades ya han pasado, pues las acciones que están en la estructura de los convertibles han perdido demasiado valor.

En suma, vemos un rally de bonos, pero sin que los inversores puedan endeudarse para invertir, lo que limita su alcance respecto a otros movimientos pasados. Los compradores serán fondos cerrados, planes de pensiones e instituciones con horizontes temporales largos; no hay que buscar liquidez en estas operaciones, ya que los tipos pueden subir; y la duración del fenómeno hay que verla en el corto plazo, pues va a depender de variables como, por ejemplo, si los estados se deshacen de los activos que están adquiriendo a entidades financieras en el marco de los programas para facilitar liquidez al sistema.

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