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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Los cerdos catalanes

La duda es si el calificativo porcino se aplica a los disidentes para su posterior conversión en 'espetec'

Por lo observado, la Generalitat reparte sus cruces de Sant Jordi con el mismo mal tino que muchas diputaciones andaluzas sus medallas provinciales. Sólo así se puede entender que esta condecoración que lleva el noble nombre del héroe que venció al dragón (patrón de la caballería andante y de Inglaterra) decore el pecho de la ex presidenta del Parlament, Núria de Gispert, una veterana señora de tuit fácil que no duda en esparcir sus insultos por la red con la alegría concienzuda con la que los aviones de McNamara sembraban de bombas las verdes selvas de la Conchinchina.

En su última hazaña, Gispert se ha puesto al frente de un desagradable tuit, que circulaba por la red, en el que se puede leer: "Girauta a Toledo; Arrimadas a Madriz [sic]; Millo a Andalusia; Dolors Montserrat a la UE", junto al anuncio de que Cataluña aumenta sus exportaciones porcinas. En resumen, lo que se pretende es calificar a algunos de los líderes de la resistencia antinacionalista como cerdos, gorrinos, marranos, puercos... que como todos sabemos es insulto que en España, y en todo el mundo civilizado, sienta francamente mal, algo que no deja de ser extraño si tenemos en cuenta el culto gastronómico que en las ciudades y campos ibéricos se rinde a este animal de noble trote y divinas carnes. La gran inquietud surge ante la duda de si el calificativo porcino que se aplica a los disidentes no será sino un previo paso a su posterior y definitiva conversión en espetec.

Con su baldón, Núria de Gispert se desvela como una bruja. No lo decimos con afán de ofender, sino de rastrear las raíces de un comportamiento que, por atávico, debe hundir sus raíces en lo más profundo del subsconciente coletivo del sapiens. Y he aquí que nos encontramos con la vieja y señera figura de Circe, la hechicera homérica que convirtió en cerdos a los incautos tripulantes del barco de Ulises. Como bien se sabe, sólo los trucos y el vigor enamorado del griego consiguieron devolver a los desgraciados marineros a la humana forma. A nadie se le puede exigir la heroicidad de yacer en el lecho con alguien que no es de su gusto, pero sí podríamos aconsejar a aquellos que tienen la obligación de reconducir la situación catalana que apliquen la segunda pata de la estrategia del navegante errante: la maña, la astucia, la inteligencia. Sólo así se podrá rescatar a los cerdos de las granjas nacionalistas.

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