La muy tiesa ciudad de Sevilla

Es hora de no viajar más a China a captar turistas y de adaptar la ciudad a tantos millones de visitantes

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El aeropuerto de Sevilla.
El aeropuerto de Sevilla. / D.S.

15 de enero 2026 - 04:00

El aeropuerto de Sevilla (blonda y mantilla) se acerca a los diez millones de pasajeros. El objetivo marcado con motivo de las obras de ampliación se ha cumplido. Qué maravilla. ¿Se imaginan que en la ciudad saliera todo tan redondo como logramos con los asuntos del turismo’ Aquí hay dos cosas que funcionan la mar de bien: las fiestas mayores y el turismo. Hay público para duplicar la carrera oficial y las casetas. Y nos sobran visitantes hasta en agosto, cuando hace dos décadas había que engañarlos para que vinieran a Sevilla en esas fechas. Se les decía que Sanlúcar era Sevilla y punto. De hecho lo fue, claro, pero hace unos cuantos años. Trileros, éramos trileros para captar visitantes en nuestro tórrido verano. Ahora vienen en los vuelos baratos de nuestro aeródromo. Porque he ahí la clave:nuestro aeropuerto es de bajo, bajísimo coste. Una ilustre sevillana que viaja mucho a Venecia me enseñó a decir Racanair en lugar de Raynair. Rácano que es nuestro aeropuerto que parece no luchar para tener líneas que no sean de chichinabo. Con diez millones de pasajeros que nos entran por las pistas de San Pablo, parece que es la hora de suspender los viajes a China para seguir captando asiáticos. ¿No se habla tanto de la Sevilla de los excesos y de la necesidad de regular tanta procesión, tanto evento y tanto uso y abuso de la vía pública? Pues comiencen nuestros barandas por dar ejemplo de moderación. Al menos, mientras las estructuras de la ciudad no se hayan puesto al día para tantísimo visitante que expulsa del centro histórico a tantos vecinos.

No traigan más turistas que no cabemos, que hay momentos irrespirables e insoportables. Hagan primero espacio en la casa antes de convocar a más invitados. La cifra no es el éxito, es la engañifa. El éxito es que la ciudad tenga un turismo de calidad en armonía con las formas de vida propias. Sevilla es una ciudad barata, así lo demuestran el aeropuerto y la ausencia de comercios de primeras marcas. Sevilla debería ser un destino más cotizado. Ahí estaría la línea de trabajo de nuestros mandarines.El reto es la calidad, no la cantidad. Lo fácil es abaratar y disparar la cifras. Lo difícil es aplicar una estrategia que llame la atención de las grandes firmas comerciales, como no hace tanto tiempo tuvimos la milla de oro de la moda en la Plaza Nueva. No queda casi nada de aquello. Y lo poquito que se mantiene es algún escaparate donde, si se fijan, hay muy pocos artículos porque no hay demanda. Tal vez seamos la muy tiesa ciudad de Sevilla. Y no queremos verlo. Cualquier día sumamos el título a la heráldica. No perdamos el sentido del humor. Que lo tenemos y muy caro. Llena ahí, que son dos días.

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