Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

La ciudad vacía

Un año despues Sevilla permanece con sus constantes vitales y con su estado de ánimo bajo mínimos

Hoy hace un año que todo se quedó vacío. Las calles desiertas a plena luz del día como nunca se habían visto. Los comercios cerrados, los bares con la persiana echada, las avenidas sin un solo coche que le hiciera caso a los semáforos que seguían cambiando sus luces para nadie. Dejaron de verse las colas ante la Catedral y el Alcázar y a los turistas arrastrando maletas por unas calles del centro que sólo transitaban muy escasos transeúntes y en las que la única presencia claramente visible era la de policías y militares. Un año después han pasado muchas cosas, pero en realidad esa sensación de vacío que estrenamos un 14 de marzo no nos ha abandonado. Sevilla sigue siendo en muchos sentidos una ciudad vacía, a pesar de que haya intentado adaptarse a una normalidad que es cualquier cosa menos normal. Nos aproximamos a la segunda Semana Santa sin Semana Santa y a la segunda Feria sin Feria por mucho remedo expositivo que se intente para remedar la primera y mucho farolillo callejero que se quiera poner para la segunda. Sevilla permanece en encefalograma plano, con sus constantes vitales bajo mínimos y con su estado de ánimo en consonancia con lo anterior.

La pandemia nos ha puesto por delante un espejo -con un grado evidente de desenfoque, pero espejo al fin y al cabo- que nos devuelve una realidad que no queríamos terminar de ver: unos políticos incapaces de estar a la altura de una situación sobrevenida para la que no tenían ninguna respuesta, un sistema sanitario que quedó claramente desbordado cuando el virus plantó sus reales y que sólo la entrega de sus profesionales evitó que colapsara del todo y una economía con una estructura débil, sin industria y dependiente casi en exclusiva de un turismo que desapareció en 48 horas. Toda la propaganda con la que se nos había machacado durante años sobre la excelencia de nuestra sanidad pública o sobre el nuevo modelo productivo que se estaba creando al margen de burbujas coyunturales quedó hecha añicos.

¿Y ahora qué? La pregunta desgraciadamente no tiene una respuesta fácil. La pandemia empezará a quedar atrás cuando la vacuna se haya generalizado y eso pasará antes de que termine este 2021. Pero las heridas se van a mantener durante mucho más tiempo. Empezarán a volver los turistas y el circuito del dinero se reactivará a mayor o menor velocidad. Pero seguiremos siendo una sociedad herida hasta que no seamos capaces de construir modelos más eficaces. Todo el sufrimiento y la destrucción del año que dejamos atrás habrá sido inútil si volvemos a cometer los mismos errores y si nos olvidamos de que las situaciones complejas requieren tanta audacia y valentía como inteligencia. ¿Seremos capaces, como sociedad, de conjugar esos tres factores?

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