Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
ESTAMOS asistiendo a la puesta en escena de un juego macabro, a una especie de cuento de la buena pipa ante el dolor de una familia y la estupefacción de una sociedad que ve cómo unos niñatos le toman el pelo a todo un sistema. Van a diario los padres de Marta del Castillo al Palacio de Justicia con el deseo único de conocer de una puta vez dónde está el cuerpo de su hija, esa niña rubia que sólo tenía diecisiete primaveras cuando hace dos inviernos se despedía de ellos sin saber que iba a ser la última vez. Van esos padres con su pregunta y vuelven a casa con la sensación de haber sido toreados por enésima vez. ¿Dónde está nuestra hija? Y por respuesta reciben que el asesino se queda sin coartada, que salió y entró por la ventana de casa de su novia la noche del crimen, que si esto que si lo otro, pero un día más y nada nuevo de Marta. No te digo que sí ni que no, sino que ¿si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa?
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