El medio centro

Carlos G. Izquierdo

¿Cómo destruir un deporte?

Al fracaso del balonmano español le preceden los errores de la federación, con elecciones sólo un mes antes

CONSIGA usted una histórica medalla en unos Juegos Olímpicos, dése todos los homenajes con ella, retrase lo más posible el obligatorio proceso electoral de su federación tras cada ciclo olímpico, convoque a las urnas, finalmente, a un escaso mes del Campeonato del Mundo, piérdalas y deje a su sucesor la papeleta de organizar la preparación y el acontecimiento en un tiempo récord. Éste, en pocas líneas, es el manual básico de la destrucción de un deporte y es el que se ha seguido con el balonmano español.

Y es que el sonoro fracaso de la selección española de balonmano en el Mundial de Croacia de 2009 no puede ser achacable al nuevo presidente de la Federación, Juan de Dios Román, ni, por supuesto, al nuevo seleccionador, Valero Rivera. Ambos se encontraron con la contingencia de hacerse cargo de una federación y de una selección, respectivamente, en plenos procesos de renovación tras una década realmente provechosa. Un decenio que se abrió con la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atlanta y que se cerró con el oro en el Mundial de 2005. Aun así, la generación se estiró hasta ganar con Juan Carlos Pastor la medalla de bronce de los Juegos de Pekín hace ahora sólo cinco meses.

Como parece que había que disfrutar del momento, el ex presidente, Jesús López Ricondo, alargó todo lo que pudo el proceso electoral, en concreto hasta el pasado 15 de diciembre. Y así, en un mes de locura se tuvo que preparar la cita mundialista. Ahora, con el fracaso y la vergüenza en la frente, la nueva junta directiva y el nuevo seleccionador se tienen que poner todos juntos a la tarea. No sólo la que toca para hacer olvidar el borrón, sino también, y mucho más importante, la necesaria para devolver al balonmano español a su sitio natural en el panorama internacional y no dejarlo en el desguace en el que se ha metido en Croacia.

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