La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Lo que dice el Gran Poder

No ha ido de visita. Está esculpido en él: "¿De qué sirve que alguien diga 'tengo fe', si no tiene obras?"

En el Gran Poder lo más complejo está expuesto de la forma más asequible y conmovedora. En él se funden la santa y sobria simplicidad de los tres Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, la teología del Evangelio de Juan, las epístolas de Pablo, cuanto el espíritu cristiano haya ido dilucidando sobre la encarnación de Dios en Jesús Nazareno desde el Concilio de Jerusalén hasta el Vaticano II, y cuanto sincero y radical esfuerzo reformador se haya hecho para desterrar adherencias de los tiempos y los poderes para ser fiel a las enseñanzas del Nazareno, desde la predicación de San Francisco de Asís a la teología de la liberación; que las obras de arte -y esta lo es, de las más admirables del arte cristiano- tienen una palabra nueva para todos los tiempos. Y en él está también esculpido -¡cuánta compasiva y triste ternura en sus ojos!- todo el dolor que parece contradecir la divina providencia.

El Gran Poder permite comprender lo incomprensible, abarcar lo inabarcable, confiar más allá de toda desconfianza y esperar más allá de toda esperanza. De los labios entreabiertos del Señor brotan las palabras que dijo el Nazareno: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y los entendidos, y las revelaste a los niños". Y en el corazón de quien lo contempla, hasta del más sencillo, resuenan estas otras de San Juan de la Cruz, tan asombrosamente coincidentes con las del Nazareno: "Este saber no sabiendo / es de tan alto poder / que los sabios arguyendo / jamás le pueden vencer / que no llega su saber / a no entender entendiendo / toda ciencia trascendiendo".

Cuantos lo vieran y lo siguieran al entrar en los Tres Barrios rodeado y seguido por una multitud conmovida, lo visitaran en la Blanca Paloma, vivieran ayer su traslado a Nuestra Señora de la Candelaria y desde hoy lo visiten allí, lo saben con la certeza de lo que se ve y se siente. Pero cuidado con él. Porque no ha ido allí de visita. Está escrito: "¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga 'tengo fe', si no tiene obras?... Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: 'Idos en paz, calentaos y hartaos', pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está verdaderamente muerta". No sermoneo, que no es este el lugar. Transcribo lo que dice el Gran Poder.

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