José Moya Sanabria / Presidente De Persán

don carlos

QUÉ difícil, sobre todo para los que Dios no nos ha dotado de facilidad de verbo, es hablar de un hombre importante. Su entrada en Sevilla la hizo apoyado en un báculo de "acero inoxidable", como criticara el querido Antonio Burgos. Ese símbolo de su humildad franciscana, y precisamente en un acto de humildad, lo cambió por otro de mayor lujo, más distante de su personalidad, pero más adecuado para servir de apoyo en su entrada en la Sevilla tradicional; por ello de inmediato se ganó el respeto de Antonio y de toda la Sevilla que Antonio representa.

Pero entró en esa Sevilla para hacerla evolucionar, empezando por un respeto absoluto a su forma de ser, le fue imprimiendo, poco a poco, como las buenas "chicotás", el ritmo de adaptación a los nuevos tiempos, quizás mas lenta de lo que a él le gustaría, pero más efectiva para que " no se mueva un varal". Nuevas reglas, limitación de mandatos de dirigentes, implicación en la vida civil de las cofradías, mujer nazarena.…

Don Carlos también entró en todos los sectores de la ciudad, a destacar su entendimiento con las autoridades políticas. El acuerdo de venta de San Telmo, con la ayuda del inolvidable Manolo García Vázquez, su labor social en las Escuelas Taller de la Catedral en colaboración con la Fundación Forja XXI, la organización de dos visitas Papales, esas cenas en Palacio con los actores cívicos, para oír y dejar clara la postura de la Iglesia en los temas de actualidad, y sobre todo, su labor de moderación cuando algunos compañeros de Colegio Cardenalicio se empeñaban en la confrontación, más que en el diálogo, con las autoridades políticas.

Personalmente tengo muchas imágenes de don Carlos, la cara de felicidad el día de la boda de la infanta Elena, las lágrimas en sus ojos en el funeral de Asen y Alberto, pero sobre todo, y como decía por motivos estrictamente personales, las innumerables visitas a mi padre enfermo. Aunque la enfermedad le privaba de la capacidad de comunicarse, don Carlos una noche sí y otra también, acompañado de Pablo (él también mereces un artículo aparte), insistía en la obra de caridad de visitar al amigo.

Mi incapacidad y la falta de espacio no me han permitido reflejar la importancia de don Carlos y su influencia en la Sevilla de finales del XX e inicios del XXI; sólo la historia podrá dimensionar realmente la grandeza de su figura.

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