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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El enigma Vox

Vox está atendiendo a nichos abandonados, como los más perjudicados por la inmigración, los taurinos o los cazadores

Durante la Transición, todos los intentos de crear un partido fuerte de extrema derecha en España fueron un rotundo fracaso. Su principal problema era la completa desconexión entre sus objetivos e ideario (la recuperación del llamado "espíritu del 18 de julio") y las aspiraciones de la inmensa mayoría de una sociedad española que, independientemente de su filiación política, quería dejar atrás el franquismo, construir la democracia e integrarse en las grandes estructuras europeas y occidentales, como la CEE o la OTAN. Fuerza Nueva, el intento más serio de formar un partido a la diestra de AP, nunca pasó de ser un movimiento nostálgico que sólo atraía a jóvenes estudiantes y viejos excombatientes, pero no a los profesionales entre los 30 y los 60 años, que son el motor de cualquier país. La derecha más integrista, cuando quería tremolar banderas y desahogarse con los gritos de rigor, iba a los mítines de Blas Piñar - "Es un exaltado", llegó a decir de él Franco-, pero después votaba a Fraga, un valor seguro del franquismo sociológico que apostaba decididamente por la democracia. En los últimos cuarenta años, la extrema derecha sólo ha sacado un diputado a Cortes en las elecciones de 1979.

Tras la aplastante victoria de Felipe González en 1982, la extrema derecha desapareció prácticamente del mapa, más allá de algunos grupúsculos irrelevantes. Sus militantes optaron por irse a sus casas o por integrarse en el PP, que durante los últimos tiempos ha sido el partido que ha aglutinado a todas las sensibilidades del centroderecha, desde gays liberales hasta carpetovetónicos militantes con fotos del Caudillo en el mueble bar. Pero esta unidad ya se ha roto por los dos extremos, y el pasado domingo se encendieron todas las alarmas en Génova al ver cómo su antiguo militante Santiago Abascal, ahora líder de Vox, un partido desacomplejadamente derechista, congregaba a 10.000 personas en Vistalegre. Ya no son los nostálgicos de antes y pretenden conectar con nichos electorales a los que nadie está atendiendo: los más perjudicados por la inmigración irregular, los aficionados a la fiesta, los cazadores (ojo a este grupo, de gran importancia en el medio rural...) Además, probablemente contará con el apoyo de la internacional derechista que Steve Bannon está intentando montar en Europa y el mundo. Por ahora, Vox ha recibido muchos aplausos de la derecha más dura, pero pocos votos en las elecciones a las que se ha presentado (el mismo drama que Blas Piñar). En las encuestas no pitan muy alto. Su verdadera fuerza la veremos en el próximo ciclo electoral.

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