La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
EN la primera foto después de que el juez Flors anunciara su imputación (junto a otros tres dirigentes del PP valenciano) por un delito de cohecho relacionado con la red de corrupción Gürtel, el presidente Francisco Camps aparece en mangas de camisa: ¡sin traje! El hombre cuya indumentaria puede acabar con su carrera política aparece en la imagen publicada por El País prudentemente despojado de la chaqueta y gloriosamente deportivo. Es como si su conciencia, que no su cuerpo, cuyos hombros conservan el porte de galán de noche, hubiera querido quitarse de encima la prueba del delito. Pero es inútil. Hay esqueletos hechos a los buenos trajes y el suyo es uno de ellos. Mientras la noticia da la vuelta a España, los dirigentes nacionales del PP miran para otro lado. Sólo Ana Mato y Rita Barberá se han atrevido a decir, como si fuera una rutina verbal, que Camps es un tipo honrado y que creen en una inocencia, la suya, que, si finalmente vuela por los aires, arramblará con la reputación del partido. Porque si, como dicen en el PP, Rubalcaba debe dimitir como candidato por el caso Faisán, Mariano Rajoy tendría que abandonar su carrera política por un caso, el de los trajes, que es como una bocamina que conduce a las procelosas oscuridades donde se ha amasado la financiación del partido al calor de un trama de chorizos inveterados, moscones y pupas vivas.
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