En serie

dani Rodríguez

Nunca te fíes de un perro

UN perro que habla, reflexiona, fuma en una pipa, camina de pie y es más listo que el hambre. Así es Wilfred, un canino normal a ojos del mundo pero un señor disfrazado de perro para Ryan, el protagonista de esta disparatada serie de la estadounidense FX. Lo cierto es que la pieza es un remake de una ficción australiana donde el creador, Jason Gann, encarna al tronchante Wilfred. Ryan, protagonizado por Elijah Wood en la versión estadounidense, es sustituido por Adam e interpretado por el otro director de la comedia, Adam Zwar.

Ryan es un hombre inseguro de sí mismo que está harto de llevar una vida tan monótona y aburrida. Su vecina, Jenna, es una rubia atractiva de la cual está enamorado y la única vía que tiene a mano para llegar hasta ella es hacerse amigo de su perro. Tanto el protagonista como el espectador verán un hombre vestido de perro que actuará como consejero y compañero de correrías. Sin embargo, los demás personajes solo ven a un perro apacible y adorable. Wilfred es una auténtica locura y más cuando la serie juega con esa confusión, dejándonos en fuera de juego en varios momentos, ya que costará asimilar cómo un tío disfrazado de can le huele el culo a un perro, excava un hoyo en la tierra o, más desconcertante aún, fuma cannabis en una pipa.

La idea parte de un corto que dirigió Tony Rogers y que terminó adaptándose para la versión australiana. Sin embargo, el productor David Zuckerman (Padre de Familia) y FX la acogieron para la parrilla norteamericana introduciendo leves cambios.

El reparto sorprende en un principio porque nadie se imagina a Elijah Wood haciendo comedia tras su papel en El Señor de los Anillos, interpretando a un personaje dramático como es Frodo. No obstante, lo hace muy bien, abusando de la ingenuidad y la ignorancia de su personaje, algo que Wilfred aprovechará para manipularle y meterle en más de un lío. Fiona Gubelmann y Ethan Suplee (Me llamo Earl) completan este elenco listo para hacer reír a la audiencia con las desternillantes meteduras de pata y los enredos en los que Wilfred introducirá a Ryan. Situaciones inverosímiles provistas de cachondeo que se convierten en el revulsivo de una comedia en la que la filosofía de vida y modo de pensar de Wilfred suenan a chiste cuando lo dice un tipo con una nariz pintada de negro. Aquí la amistad y la fidelidad sobran, hecho que se deja ver en las conversaciones entre hombre y perro, pues contienen un surrealismo encantador y están construidas para confundir y transmitir buenas sensaciones. Todo con humor negro y descabellado.

Wilfred entretiene y sabe enganchar con la guasa y el humor absurdo, origen de los momentos disparatados que un tío raro y un hombre con disfraz de perro presentan en este remake. El carpe diem se aprovecha para que ambos vivan al límite y formen parte de un torbellino de bromas, problemas y peligros.

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