Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
LA comunidad científica reconoce hoy a la francesa Jeanne Baret (1740-1807) como pionera en el estudio de la botánica. Se convirtió además en la primera mujer en navegar alrededor del mundo. Una aventura en la que se embarcó por amor y un inmenso interés por la ciencia, dos pasiones por las que esta humilde campesina tuvo que ocultar su identidad.
Jeanne era la amante del naturalista Philibert Commerson. Entró a trabajar en su casa cuando éste enviudó de su esposa. En 1766, el científico fue reclutado para una expedición, capitaneada por el navegante Louis Antoine de Bougainville, que partió en busca de nuevas tierras por el océano Pacífico. Commerson no volvería a Francia en tres años y la ordenanza real prohibía las mujeres a bordo. Pero no quería pasar tanto tiempo solo, así que urdió un plan para que su pareja le acompañase. Jeanne le esperó en otro puerto y subió al buque L'Etoile, disfrazado de mozo, para trabajar bajo la protección de Commerson, quien caería enfermo durante buena parte de la travesía. Este contratiempo hizo que Jeanne se encargase de todo el trabajo de campo al hacer escala en Brasil, Madagascar y Tahití. Recolectó y clasificó miles de plantas como la buganvilla, el ejemplar más famoso de la expedición. Sin embargo, todo su esfuerzo se fue al traste tras ser descubierta su condición. Jeanne y su mentor se vieron obligados a dejar el viaje de exploración en 1768, abandonados a su suerte en Isla Mauricio. Allí fallecería Commerson y años después, Jeanne regresaría a París, donde Luis XVI honraría sus méritos con una pensión vitalicia. Ninguno de sus descubrimientos llevó su nombre declinado en latín como reconocimiento.
En el siglo XXI, el gremio botánico acabó rindiéndose ante el legado de Baret, a quien dedicaron una nueva especie vegetal, la Solanum baretiae. Su flor reúne matices y contradicciones como reflejo de esta extraordinaria mujer en el cerrado monopolio masculino de las ciencias.
También te puede interesar