Las dos orillas

Una, grande y amarrada

Andalucía es una 'nacionalidad histórica' y considerarla así es plenamente constitucional

El error no fue el concepto, sino que se embarulló. Bendodo no supo explicar lo que Feijóo transmitió muy bien a los empresarios catalanes en Barcelona. España es una nación y un Estado, pero Cataluña, el País Vasco, Galicia o Andalucía tienen singularidades e identidades propias. Hasta en el testamento político de Franco se lee: "Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de las regiones como fuente de fortaleza en la unidad de la Patria". El Reino de España surgió como "un reino de reinos", en el que se integraron. La cuestión territorial está definida en la Constitución de 1978. Y quienes se consideran constitucionalistas deben respetarla entera, no sólo la parte que les agrada.

El artículo 2 de la Constitución dice: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas". Es decir, que en España existen nacionalidades y regiones. Cataluña es una nacionalidad. Y reconocerlo es plenamente constitucional. La independencia no es constitucional. Pero no es lo mismo.

El artículo 1 del Estatuto de Andalucía señala: "Andalucía, como nacionalidad histórica y en el ejercicio del derecho de autogobierno que reconoce la Constitución, se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la unidad de la nación española y conforme al artículo 2 de la Constitución". Es decir, que Andalucía es una nacionalidad histórica, y considerarla así es plenamente constitucional. Les guste o no.

La pasada semana, el diario barcelonés La Vanguardia publicó una encuesta, donde se reflejaba que el 70% de los catalanes consultados creen que la independencia no debe ser una prioridad para la Generalitat. En caso de referéndum, votarían contra la independencia el 51% y a favor el 39%. El apoyo ha descendido. Entre los menores de 35 años, votarían contra la independencia el 60%. Es un problema que ha ido a menos, y que se podría solucionar. Pero no se podrá con una España ultra, que sea una, grande y amarrada, sino asumiendo la pluralidad que se comparte en el Estado. Este problema, para seguir siendo problemático, necesita a los independentistas, pero también a un sector centralista y carca de Madrid, que se cree que toda España es uniforme a su estilo. Vamos a respetar la Constitución, pero primero hay que leerla.

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