La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Como antología insuperable de lo hortera podría calificarse la alfombra roja de los Grammy, una sublimación del mal gusto y de guerra abierta a la corbata. La imagen de Al Pacino y sus colegas en el papel de Carlito Brigante parecía el modelo a copiar por cuantas celebridades pasaron por el photocall. Trajes negros muy ajustados, camiseta o simplemente a pelo, sin camisa, y, eso sí, exhibición de tatuajes como común denominador de lo que impera en ese mundo chicano. Un mundo respetable, pero chocante para cuantos íbamos con corbata al colegio y con ese aditamento tan repelente como es el cuerpo sin un centímetro cuadrado libre de la tinta de unos tatuajes que pasaron del brazo de marinos y presidiarios a decorar los cuerpos de estrellas en las que se miran las nuevas generaciones. En fin, es lo que hay.
También te puede interesar
Lo último