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Cuatro años

Juanma Moreno aprovechó su oportunidad desde el principio y se ha convertido en un presidente confiable 

Juanma Moreno, el día de su cuarto aniversario como presidente, en Fitur.

Juanma Moreno, el día de su cuarto aniversario como presidente, en Fitur. / Sergio Pérez · Efe

ESTA semana –el pasado miércoles– se cumplieron cuatro años de la primera toma de posesión de Juanma Moreno como presidente de la Junta, un periodo corto pero intenso en el que la realidad política de Andalucía se ha dado la vuelta como un calcetín: de la hegemonía socialista sólo queda un mal recuerdo y el eterno partido opositor, el PP, gobierna por segunda legislatura consecutiva; ahora en solitario, porque goza de una mayoría absoluta holgada que logró por haber concentrado el voto mayoritario en las ocho provincias.  

La carambola política que en diciembre de 2018 dio la vuelta a las previsiones demoscópica –ayudadas por una campaña errática de la entonces presidenta andaluza, Susana Díaz, quien creyó que dar alas a Vox le aseguraba la continuidad y lo que facilitó fue su desalojo– llevó en unas horas a Juanma Moreno de estar desahuciado por alguno de los suyos a hacer realidad el anhelo de su partido en la comunidad durante 40 años: gobernar.  

Moreno supo aprovechar su oportunidad desde el principio. Primero, pactando sólo el Gobierno de la Junta con Ciudadanos y guardando la distancia con Vox para no contaminarse de su populismo, aunque sin perder su apoyo durante casi toda la legislatura, que acortó unos meses por pura conveniencia electoral.  

En segundo lugar, estableció una vuelta a un esquema que al PSOE le funcionó durante lustros: un presidente muy institucional y moderado –con un Consejo de Gobierno con roles muy marcados para ejecutar la política– alejado del perfil bronquista de su antecesora y calcando las fórmulas con las que triunfó Manuel Chaves.  

Y en tercer lugar, afrontó la pandemia de manera que convenció a los andaluces de que su Ejecutivo autonómico les acompañaba en un momento muy duro. El hito fundamental, seguramente, fue el éxito de las campañas de vacunación contra el Covid.  

Sin cometer grandes errores, ni aplicar cambios drásticos que generasen crispación, se presentó como un presidente confiable.  

Su apuesta por distanciarse de Vox y presentarse como la mejor alternativa para garantizar que los ultramontanos no accedieran al Gobierno fue premiado por electores de distintas sensibilidades ideológicas al examinarse en las urnas. Cuatro años después, Moreno es un presidente con enorme respaldo social y poder político, hasta el punto de ser ahora referente nacional de su propio partido, el mismo que pretendía desalojarle en vísperas de la Navidad de 2018.  

Su futuro en la Junta depende de él. De no emborracharse del poder absoluto de su resultado y no oír ningún canto de sirena para saltar pronto a la política nacional, un error que nunca se le perdonó a Susana Díaz. 

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