La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Qué largas se nos hacen las tardes

Tengamos un rapto de optimismo y pensemos que esta pesadilla acabará algún día, que no hay mal que cien años dure ni, por supuesto, cuerpo que lo resista. ¿Cómo será el despertar? ¿Qué vida será la que nos encontremos cuando podamos afrontarla a nuestro antojo? Mientras tanto, qué largas se hacen las tardes cuando toca reclusión forzada porque no hay donde ir. ¿Cambiarán nuestros horarios y cenaremos a la misma hora que esos guiris que engullen paellas infumables a las seis de la tarde? Todo es inquietantemente desconocido, pero como el hombre es un animal rutinario que hace de la costumbre modus vivendi, lo más probable es que salgamos de la pesadilla con los usos cambiados. ¿Servirá para un adelantamiento generalizado de nuestros horarios en el que, por ejemplo, no tenga cabida la siesta? Todo es posible, pero qué largas son las tardes...

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