Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
Hay palabras tan bien escritas que se hacen inseparables de aquello que evocan. Es el caso del primer viernes de marzo en San Antonio Abad y Por la tarde de marzo que Romero Murube incluyó en Sevilla en los labios. Cito mucho a este grandísimo escritor, ya lo sé, ayer mismo lo hacía, pero es que su memoria está solo en nuestras manos, como las de Juan Sierra, Laffón y otros náufragos sevillanos del 27. Ojalá algún día se haga una edición crítica de su obra completa tan perfecta como la que el compañero Ignacio Garmendia ha hecho de Chaves Nogales. En fin…
Que yo conozca poco escribió Romero Murube de Jesús Nazareno. En Luz dentro del alma de la citada Sevilla en los labios hizo, como de pasada, la más breve y fina descripción de su cofradía: "Después que ha desfilado el Silencio, ingrávido, más por el aire que por la tierra, irreal hasta el punto de que estamos viendo, no una procesión, sino el reflejo de una procesión en un espejo mudo". Pero, sin que esté dedicada al Nazareno del Silencio, es en Por la tarde de marzo donde escribió el que para mí es el texto definitivo sobre el primer viernes de marzo en San Antonio Abad y lo que representa para quienes somos primitivos nazarenos de Sevilla. Lo cito todos los años al llegar estas fechas. Pero de seguro que alguno de ustedes no lo conoce o recuerda. Así que, con permiso de don Joaquín y de su hermandad de la Soledad de San Lorenzo, les ofrezco unos fragmentos:
"Hay una luz de día de Semana Santa, igual que hay una luz especial para la mañana del Corpus o para la tarde de difuntos. Es una luz que los sevillanos saben distinguir muy finamente… Una tarde sin horas, entre el esmerilado de las nubes quietas, surge de pronto el sol, un sol muy bajo, de rayos espesos, casi definidos, palpables, que entran a par del suelo por todas las calles que se deshacen en el poniente. La ciudad siente en su entraña aquella múltiple espada de fuego dulce amarillo… La lluvia ha dejado su alma transparente sobre todas las cosas… En los patios abren sus caras de monjas pálidas las flores de jarro… Todo está inundado de lumbre amarilla. Por la noche, entre la lluvia y los filos del viento -¿en la noche o en nuestro recuerdo?- llegan ecos indecisos, vagos, de cornetas, sueños, procesiones… Es que ha llegado la luz y el viento de la Semana Santa. Por esta vira [flecha] de oro de la tarde de marzo, viene Jesús Nazareno".
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