La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
MIENTRAS la juez de Instrucción de la trama corrupta de El Ejido ha dictado auto de prisión incondicional para José Amate, ex director de producción de la empresa mixta Elsur -el instrumento para la comisión de los presuntos delitos investigados- y varias libertades provisionales a otros implicados, los partidos políticos mayoritarios han iniciado la al parecer inevitable rueda de inculpaciones mutuas. Desde las filas del Partido Popular se ha denunciado la connivencia del PSOE con el Partido de Almería (PAL), el grupo localista creado por el alcalde de El Ejido, Juan Enciso, con el que los socialistas han estado gobernando la Diputación Provincial almeriense desde 2007, después de haberlo apoyado durante el mandato anterior, si bien ahora han anunciado la ruptura con este aliado inconveniente. Por su parte, el PSOE ha recordado los largos años que Enciso fue militante del PP y dirigió el Ayuntamiento ejidense bajo estas siglas, que solamente abandonó cuando iba a ser expulsado por un choque de ambiciones, y que el propio líder andaluz, Javier Arenas, le calificó como "el mejor alcalde de España". La verdad es que ambas formaciones políticas tienen mucho que callar acerca de sus relaciones con el regidor ahora detenido. Como suele ocurrir, desgraciadamente, en estas ocasiones, los grandes partidos democráticos no dudan en aliarse con organizaciones dudosamente democráticas con tal de hacerse con el control de ayuntamientos o corporaciones provinciales. Ninguno está en condiciones legítimas de tirar la primera piedra, y ahí están los casos de Marbella, Estepona o La Línea, donde el papel de Enciso fue representado en su momento por Jesús Gil o el gilismo. Tampoco dudan, sin embargo, en atribuir al adversario las mismas prácticas políticas que ellos ejercen. No hay más que ver cómo vulneran una y otra vez las resoluciones de la Mesa contra el Transfuguismo, siempre que les conviene. Así no hay manera de recuperar el prestigio de la clase política, tan deteriorado por esta hipocresía que les lleva a condenar las malas compañías cuando son otros los que las buscan.
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