Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

A mayor gloria

Sevilla no ha tenido grandes cosas que agradecerle al hecho de ser la sede del Gobierno regional

El alcalde se quejaba el otro día de que la Junta no lo hubiera invitado a la inauguración oficial de la apertura parcial del Hospital Militar como anexo del Virgen del Rocío para absorber pacientes de Covid. La protesta de Juan Espadas tiene su lógica. La puesta en marcha de unas instalaciones que van a ser, cuando dentro de dos años estén presuntamente completadas, de referencia y que van a dar alivio a la saturación sanitaria que se registra en los tres grandes hospitales de la ciudad merecía que estuviera allí el máximo representante institucional de Sevilla. Pero todo lo relacionado con el Hospital Militar se ha organizado a mayor gloria del presidente Juanma Moreno y nada iba a estropearle la foto de él en solitario con el atrezo de unos cuantos sanitarios dando escolta a modo de guardia de corps. No tiene más trascendencia el asunto que anotar que a los dos años de mandato empieza a verse una curiosa deriva de culto a la personalidad en algunas de las manifestaciones que rodean al presidente -recuérdese, entre otras, el escudo coronado y laureado para su uso personal-y, de paso, dejar constancia de que no estamos muy seguros de si la cosa hubiera sido diferente en el caso de que el inquilino de San Telmo hubiera sido socialista y el de la Plaza Nueva popular.

Sí conviene subrayar que la reapertura del Militar, aunque todavía quede mucho por hacer allí, es un éxito de la actual Administración de la Junta de Andalucía después de incomprensible década y media de abandono por parte de los anteriores gobiernos, en una actitud que nadie se ha molestado todavía en explicar. Ese abandono es una buena imagen para simbolizar cómo fueron las relaciones de la Junta con la ciudad a lo largo de las casi cuatro décadas de mandato del PSOE, a pesar de que tres de sus presidentes nacieron en Sevilla y los otros dos pasaron en ella la mayor parte de su vida adulta. Sevilla no tuvo grandes cosas que agradecerle al hecho de ser la sede del Gobierno regional y al desarrollo de grandes infraestructuras que de él dependían, como el Metro, nos podemos remitir. Entraron en juego dos factores: el miedo al agravio comparativo de las otras capitales de la región y que siempre se vio al Ayuntamiento de Sevilla como un poder político que hacía sombra y al que no había que dejar volar demasiado alto.

En los dos años que llevamos con el PP mandando en Andalucía -Ciudadanos está, pero manda menos- las cosas no han cambiado sustancialmente y algunas promesas que se hicieron, como asumir la conexión ferroviaria de la ciudad con el Aeropuerto, se han quedado por ahora en mera declaración de intenciones. El Militar es por ahora una excepción que ojalá tenga continuación. Aunque, eso sí, una excepción a la mayor gloria del presidente y sólo suya.

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