Editorial

La necesidad de evaluar el esfuerzo escolar

LA Consejería de Educación de la Junta de Andalucía se equivoca al empeñarse en abrir un frente al Gobierno de la nación respecto a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) y amenazar con llevar a los tribunales la implantación de exámenes de reválida en 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. Aunque es cierto que el texto tiene aspectos mejorables y se realizó con poca sensibilidad hacia la comunidad educativa, ya fue aprobado en su día por las Cortes, por lo que a las administraciones autonómicas ya no les queda más camino que el de la lealtad institucional y hacer todo lo posible para que el proyecto llegue a buen puerto, ya que el frentismo en cuestiones educativas, como bien sabemos en España, perjudica gravemente a nuestra sociedad y a nuestra economía.

Habría que recordar que la educación andaluza -y la española, en general- no sale muy bien parada en las evaluaciones internacionales independientes como el informe PISA, por lo que urge corregir urgentemente el camino. Es cierto que, en las últimas décadas, se ha hecho un gran esfuerzo por parte de las administraciones públicas, incluida la Junta de Andalucía, en extender al máximo la educación gratuita desde las edades más tempranas hasta los años universitarios. Sin embargo, es ya casi un lugar común afirmar que la asignatura pendiente sigue siendo la de la calidad. Nos guste o no, nuestro sistema educativo cubre a todas las capas de la sociedad, pero lo hace de una forma mediocre, lo que a la larga supone una merma en la capacidad de nuestros escolares (especialmente de los menos privilegiados socialmente) de competir con ciudadanos de otros territorios y países en el mercado laboral.

¿Cómo se corrige este problema? Es un asunto complejo que requiere la puesta en marcha de numerosas medidas. Sin embargo, parece claro que una de estas medidas debe ser la creación de pruebas independientes de calidad que nos indiquen la buena o mala marcha de nuestros escolares y que premien a los que más se esfuerzan. No están los tiempos para adanismos pedagógicos. La única manera de saber si nuestra educación está funcionando como la sociedad requiere es evaluando el sistema y a los estudiantes, quienes deben adquirir ante todo una cultura del esfuerzo y de la búsqueda de la excelencia, valores que no son incompatibles (más bien al contrario) con los de la solidaridad y el compañerismo. Las pruebas como las reválidas pueden ayudar a lograr este objetivo.

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