El padrecito y el Día de Andalucía

03 de marzo 2026 - 03:07

Durante los últimos años, y sobre todo durante esta legislatura de la mayoría absoluta, las celebraciones del Día de Andalucía han ido deslizándose por una suave pendiente que lleva hacia el sentimentalismo y el populismo. Se observa en infinidad de detalles, desde la larga lista anual de galardonados con títulos y medallas hasta los mensajes que lanza el gigantesco aparato propagandístico que se activa desde el Palacio de San Telmo, pasando por el desarrollo de la gala en el Teatro de la Maestranza y el protagonismo que en ella tiene el presidente de la Junta.

Lejos quedan aquellos años de los gobiernos de Chaves en los que la gala del 28 de Febrero se limitaba a la lectura anodina y monocorde por parte de un viceconsejero de los decretos de concesión de las medallas de Andalucía y de los hijos predilectos en una sucesión que se hacía tan aburrida como interminable. De ahí hemos pasado a una gala pensada para la televisión con presentadora de espectáculo de prime time, permanentes apelaciones a la fibra sensible del andalucismo y todo ello dirigido al lucimiento de un Juanma Moreno dispuesto a presentarse como el padrecito que cuida, comprende y se hace uno con todos los andaluces y de forma especial con todos aquellos que sufren una adversidad.

Es cierto que este año el ambiente estaba más cargado de emoción que otros. El terrible accidente de Adamuz y los temporales que durante un mes y medio han sacudido a la región han supuesto una dura prueba. La sensibilidad ante el sufrimiento de las víctimas está todavía a flor de piel. Es lógico que durante este 28-F ese recuerdo estuviera muy presente.

Pero estos desgraciados hechos han permitido también que ese andalucismo dulzón que se ha convertido en el santo y seña de la celebración se haya hecho más evidente que nunca. Y que el presidente de la Junta haya acentuado esos perfiles paternalistas que tanto le gusta exhibir en los últimos tiempos y que sus numerosos y eficaces equipos de propaganda se encargan de propagar. No significa esto, ni mucho menos, que Juanma Moreno sea un falsario que actúa con ademanes impostados para sacarle rendimiento político. Al presidente esa actitud, como la moderación, le viene de suyo. Aunque no sobraría que rebajase algunos grados el diapasón para no caer en exageraciones que terminen volviéndose contra él. Quizás una de las derivas más preocupantes de la actual situación política en Andalucía es que se está creando un régimen en exceso personalista en el que todo empieza y todo acaba en el presidente.

Una receta así puede funcionar en el corto plazo, pero no resiste un largo recorrido porque el mundo actual ya no funciona con líderes carismáticos. Las tecnologías que ahora dominan el debate público crean y destruyen personajes a una enorme velocidad. A Juanma Moreno la sobreexposición puede terminar pasándole una abultada factura. Al final, cuanto más alto se sube más dura termina siendo la caída.

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