La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El ayesazo
Empiezo 2026 con una sensación incómoda que no se va: la de que el Gobierno ya no gobierna y que Pedro Sánchez ha reducido la legislatura a una sola consigna: resistir. No avanzar, no convencer, no recomponer. Resistir. Como quien se aferra al precipicio pendiendo del abismo. Sánchez atraviesa uno de los momentos más frágiles de su presidencia, aunque se empeñe en transmitir energía. Dice estar fuerte, con ganas, dispuesto a “terminar la década”. La frase lo delata. No habla de país ni de reformas. Habla de tiempo. De aguantar. De batir un récord personal de permanencia en el poder, como si gobernar fuera una prueba de fondo y no un proyecto colectivo. El problema es que, mientras él resiste, la agenda ya no le pertenece. El debate público se ha trasladado a los tribunales, un terreno imprevisible y corrosivo. El frente judicial marca el ritmo y el Gobierno reacciona, no dirige. Y en el PSOE empieza a instalarse, aunque se diga en voz baja, una sensación de final de ciclo. Lo más inquietante no es solo el desgaste externo, sino la pasividad interna. Un partido histórico parece hoy secuestrado por la supervivencia de su líder. Miran, callan, aguantan. Moncloa se refugia en la épica: pandemia, inflación, volcán. Ahora, el “dique de contención” frente a la extrema derecha. Todo sirve para justificar la continuidad, incluso cuando no hay mayoría parlamentaria para aprobar leyes de calado, ni Presupuestos nuevos, ni una victoria electoral que legitime este tramo del mandato. Gobernar sin poder legislar y sin haber ganado las elecciones no es fortaleza democrática. Es interinidad prolongada y prohibir la alternancia. El calendario tampoco ayuda. Se avecina un ciclo electoral adverso. Extremadura ya ha sido un aviso. Vendrán Aragón, Castilla y León, Andalucía. El PSOE no parte como favorito en ninguna. Los socios señalan el primer trimestre como punto de inflexión. Y aun así, Sánchez se aferra a dos salvavidas: la amnistía, pendiente del Tribunal de Justicia de la Unión Europea presentada como el gran hito de 2026, y los fondos europeos que deberían desplegarse a partir de junio. Aquí está el fondo del problema. Resistir puede salvar a un mal político. Pero un país no se gobierna como una trinchera. Mientras Sánchez resiste y el PSOE se anestesia, España se bloquea. Y cuando la democracia se desgasta en silencio, la factura llega. Siempre.
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