La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

El peligro de un exceso de cuidados

Claro es que en la labor de un apoderado figura en lugar preferente salvaguardar la imagen, la hacienda y, a ser posible, que la integridad física del poderdante corra el menor riesgo posible. Eso es así desde que Camará llevase los designios de Manolete y puede decirse que su figura es el espejo donde todo apoderado intentaba mirarse. Dicho lo cual hay que entrar de lleno en la labor de un apoderado actual que fue matador de toros de culto y que actualmente gestiona los intereses de otro torero de culto, el sevillano Pablo Aguado. Y está bien que mire por hacerle la vida menos incómoda, pero habría de caer en que los tiempos que corren no son normales, sino de una nueva normalidad que tiene al toreo entre sus objetivos más perseguidos. Por tanto, no veo positivo hurtarle a la afición ver a su torero por televisión y sería tremendo que por eso se frustrase San Miguel.

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