Crónicas Levantistas

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

De los poetas

La placa de Pemán no exalta al primer poeta ni lo que se denominó Alzamiento, se merece ser recordado en Cádiz

Como a tantos otros poetas, a Pemán le fascinó la lírica de las armas, suya es una proclama radiofónica emitida desde Jerez durante el mismo verano de 1936 en la que anunciaba que el tiempo de las componendas había concluido y se imponía la aniquilación de los contrarios. Obsesionado con la Institución Libre de Enseñanza, ayudó al nuevo régimen en la depuración de los maestros contaminados por el espíritu de la Ilustración. Y como otros tantos de esos poetas, sobre todo en el caso de los muy longevos como él, evolucionó desde extremos estéticos ideológicos hacia los consensos de finales de siglo. Ahí está como un símbolo gráfico de la reconciliación nacional la fotografía que Kiki publicó en Diario de Cádiz: Pemán baja de su casa a saludar a Rafael Alberti el día que éste dio el pregón de Carnaval en la plaza de San Antonio. Alberti -vidas paralelas- iba disfrazado de marinero; Pemán se partía de la risa con la ocurrencia del portuense.

Pemán y el poeta de El Puerto ya se habían visto durante el exilio del segundo fuera de España, y fue el gaditano quien se encargó de recuperar y enviar a Juan Ramón Jiménez los papeles de su casa asaltada por otros vándalos.

La Ley de la Memoria Histórica no entiende de la evolución de cada hombre, de las diversas vidas que hay en una sola vida. A veces, como en el caso de Pemán, el juicio ético que se deriva de esta ley es complicado e injusto. Pongamos por caso, Santiago Carrillo, que fue mamporrero de las matanzas estalinistas en España. Si Guernica fue un anticipo de los bombardeos de la Luftwaffe en las ciudades de Europa, es imposible no ver el paralelismo de Paracuellos con la masacre de las fosas de Katyn en Polonia cuatro años después. Carrillo cambió, evolucionó y hoy se le considera uno de los grandes artífices de la Transición y la reconciliación entre españoles.

Pemán se constituyó en casi la oposición tolerada de Franco, ayudó a algunos poetas en el exilio y contribuyó de tal modo a la nueva monarquía de Juan Carlos I que éste le concedió el Toisón de Oro.

La placa que el Ayuntamiento de Kichi ha retirado no exalta la gesta de aquel primer Pemán ni recuerda su participación en lo que se llamó el Alzamiento, sino que conmemora el nacimiento de un escritor, notable, que merece ser recordado en su ciudad. Fue un magnífico escritor de artículos periodísticos, un buen prosista y un poeta un tanto mediocre, pero como tantos otros.

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