En tránsito

eduardo / jordá

A prender de los errores

Alo largo de los años 80 se fueron cerrando los hospitales psiquiátricos, ya que se había extendido la idea de que eran cárceles para unos pobres enfermos inocentes que debían ser reintegrados a la sociedad ("reintegrar a la sociedad" era uno de los conceptos más usados en aquellos años, aunque nadie supiera muy bien lo que significaba esa frase). Daba igual que entre los enfermos mentales hubiera casos muy graves que necesitaran una medicación y una terapia específicas, porque la consigna era que había que cerrar los hospitales psiquiátricos y esos hospitales se cerraron. Y no fue el único caso de miopía ideológica. Más o menos por las mismas fechas, la Logse -que se aprobó en 1992- suprimió la Formación Profesional, amparándose en la difusa idea de que el trabajo manual fomentaba la desigualdad social. Y siguiendo con el mismo esquema ideológico, se inauguraron docenas de universidades, ya que el ideal educativo era conseguir miles de titulaciones universitarias y olvidarnos de las profesiones consideradas degradantes (aunque esto, por supuesto, no se dijera nunca en voz alta).

Estas actuaciones, que estaban guiadas por los simples prejuicios ideológicos, no han sido sometidas jamás a la verificación de los resultados, porque se asocia cualquier replanteamiento de estas políticas con la reintroducción a la fuerza de las ideas más reaccionarias. Reabrir los psiquiátricos, por ejemplo, se suele considerar una imposición de la moral conservadora, de la misma manera que la Formación Profesional se ve como una imposición de las ideas neoliberales. Pero las cosas no son así. Las víctimas de esta situación son las familias de los enfermos mentales, que tienen que atenderlos en sus casas sin apenas medios. Y también son víctimas de esta situación los estudiantes universitarios que estudian carreras que apenas tienen salida profesional -y en unas universidades con gravísimos problemas de financiación-, mientras que nos hacen falta profesionales cualificados. Eso lo sabe todo el mundo, pero los prejuicios ideológicos siguen actuando y nadie se atreve a reconocer la verdad.

Sin aprender de los errores, no hay sociedad que esté capacitada para superar los momentos difíciles. Y ahora mismo deberíamos reconocer que fue un error cerrar los hospitales psiquiátricos, del mismo modo que fue un error suprimir la Formación Profesional. Y sería bueno que los expertos en estos temas se dieran cuenta de ello.

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