La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
CONTINÚA dando juego una resaca que se alarga, la del Mundial que Alemania se llevó por cuarta vez. Y uno de los puntos candentes de este tiempo de analítica más o menos sectaria es el del Balón de Oro a Messi. Es opinión general que el mejor futbolista del mundo no hizo méritos en este campeonato para hacerse con el galardón y hasta parece que sea obligatorio galardonar al rosarino cada vez que se adjudica un premio individual.
Puede ser, no quiero pensarlo, que el esplendor de Messi haya pasado y que de excelso futbolista se quede en simplemente grande, puede ser. Todos creíamos a través del curso que se reservaba para llegar pleno al Mundial, pero se demostró que en el Mundial estaba al mismo nivel que estuvo en el Barça, claro que rematando el curso con cuarenta goles. Y si en su curso peor mete esa barbaridad de goles, pues tampoco es para ponerle al mismísimo borde de la jubilación.
Hasta Blatter, en su enésimo alarde de cinismo, ha mostrado su extrañeza por el premio. Incluso Maradona, que está en todas las salsas, ha opinado en contra y resulta curioso que haya sido Mourinho el que, prácticamente, se haya erigido en su único defensor. Pero, aun considerando que fue excesivo el premio, resulta ridículo cómo la hagiografía madridista minimiza al argentino por el mero hecho de jugar en el rival más rival de todos los rivales del Madrid.
Curiosamente se postulan por dos futbolistas que van a vestir de blanco en breves días, el colombiano James y el alemán Kroos. Pasan de Müller, de Robben y hasta del prodigioso Neuer para centrarse en dos peloteros que nacieron soñando jugar en el Madrid. Y viendo el papanatismo con James me acuerdo de Isco, un futbolista que, como Canales anteriormente, fue el James del pasado verano y al que se le cortaron las alas ojalá que no por demasiado tiempo.
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