antonio zoido

Historiador

La resurreción de Alfonso el Sabio

Fue Alfonso X el que inventó el mudéjar y dio pie a Dante a escribir la Divina Comedia

En los años en los que la dirigía Rodríguez Marín, se instalaron en la escalera exterior de la Biblioteca Nacional las efigies de dos sevillanos de adopción, alfa y omega de un período histórico crucial: el Sabio Isidoro y Alfonso el Sabio. Isidoro impidió que Europa olvidara la cultura clásica y su obra. Tanto la traducida al árabe como la recuperada en latín, sirvió para alumbrar el Renacimiento. Casi siete siglos más tarde Alfonso encendería las primeras luces de aquel renacer.

Es, sin duda, la principal figura de nuestra Baja Edad Media, aunque la peculiar forma española de analizar la Historia lo haya relegado al lugar que ocupa en el monumento a su padre, Fernando, en la Plaza Nueva: allí, junto al guerrero Vargas Machuca, el obispo Don Remondo y el almirante Bonifaz resume el concepto decimonónico que debía vertebrar esta nación: el de la Alianza del Trono y del Altar.

Partiendo de otro punto se habría visto que, en aquella Hispania con varias culturas y lenguas en su interior, fue en su reinado y por su dedicación en muchos casos cuando se emprendió la tarea de levantar una identidad común y, también, la de proyectarla hacia el exterior. Soslayando la enorme estructura jurídica de las Siete Partidas, de imposible cabida en estas líneas, señalemos la importancia que adquieren el castellano y el gallego al incorporárseles la lírica andalusí (el metro de la moaxaja a las Cantigas y el zéjel a toda esa poesía en castellano y en catalán que, a partir de ahí, se denominará zejelesca). Junto a la poesía estaba la música y es aquí donde comienza a cristalizar la "fusión" entre oriente y occidente que describiría pormenorizadamente luego el Arcipreste de Hita en el Libro de Buen Amor, más allá comenzaría a florecer un estilo mixto que se extendería a todas las artes y, en el terreno de lo que hoy se llama "religiosidad popular", nacerían devociones y ceremoniales que han pervivido hasta hoy.

Sencillamente, fue don Alfonso el que inventó el mudéjar. Lo hizo como forma pedagógica de integrar a la población recién incorporada a su corona en Andalucía y Murcia y, también, al reforzar el impulso a las traducciones de las obras clásicas y del mundo arábigo, para abrir puertas al Humanismo. Con ello, seguramente, dio a Dante el pie para escribir la Divina Comedia.

En 2021 se cumplirán los 800 años del nacimiento de este sabio, una cualidad que no fue muy frecuente en nuestros monarcas porque, que yo recuerde, además de en éste, sólo fue ponderada en Fernando de Aragón (el Católico) y en Carlos III. De Fernando la resaltó Maquiavelo mientras Carlos únicamente consiguió que lo nombraran "mejor alcalde de Madrid". Aquí dominó sobre todo la figura del rey soldado...y monje

Pero sería muy hermoso -la señal de que se emprende un camino distinto- que el hijo de Fernando III abandonara el lugar secundario, por debajo de la pezuña del caballo de su padre, resucitara en la mente de todos sentado en la cátedra donde, junto a San Isidoro, lo puso don Francisco Rodríguez Marín.

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