La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El sevillano que se la juega en Caracas

Haría bien algún grupo político en pedir una distinción para el embajador sevillano que defiende las libertades en Venezuela

Jesús Silva. Jesús Silva.

Jesús Silva.

Hay sevillanos en la diáspora de los que sus paisanos pueden sentir un profundo orgullo, gente que se la juega en destinos complicados, amenazados a diario por complejas circunstancias. Es el caso de Jesús Silva, el embajador de España en Venezuela, un diplomático de carrera y por vocación, un sevillista que ha hecho de comentarista de los partidos del club de Nervión desde el extranjero, un hermano del Baratillo, la Quinta Angustia y el Cachorro. La mayor prueba de que lo está haciendo bien en Caracas es que el régimen del gorila Maduro lo declaró persona non grata y hasta llegó a expulsarlo unos meses. Pronto cambiará de destino, pues es de los embajadores nombrados por Rajoy que han resistido más tiempo en el cargo tras la llegada del PSOE y Podemos al poder. Estaba cantado su cese.

Antes de volver a España ha tenido acogido en su residencia a Leopoldo López hasta que el líder de la oposición venezolana salió de la casa, tomó el avión y se presentó sano y salvo en Madrid. No hay duda de que Silva es un embajador valiente y comprometido, lo contrario al sevillano medio caracterizado por la indolencia. Sabe soportar las invectivas del régimen venezolano, tiene más aguante que la sábana de abajo y la habilidad como para acoger bajo el mismo techo a Leopoldo López y al ex presidente Zapatero, tan aficionado en los últimos tiempos a visitar Venezuela. Haría bien algún grupo político del Ayuntamiento en pedir la medalla de la ciudad para este diplomático, defensor de las libertades durante años donde más difícil resulta hacerlo, en una nación rica en recursos que está siendo asfixiada por una dictadura con apariencia de democracia.

Silva es hijo de aquel director general de Bellas Artes que contribuyó a la restauración del Cachorro tras el incendio de 1973. Su padre fue nombrado hermano de honor de la cofradía y con tal motivo salió de nazareno hasta el último año de su vida. Jesús heredó la vocación cachorrista y, por tanto, el amor por la ciudad a la que retorna con frecuencia y con la que nos consta que está en permanente contacto. Lee la edición digital de este periódico y cultiva las amistades que mantiene desde su etapa de estudiante en el Colegio Alemán. Se la juega a diario por su trabajo, con un Gobierno en Madrid que no es precisamente amigo y que a la mínima te puede dejar a los pies de los caballos. Tener a Leopoldo López en España es un logro para los demócratas. Desde esta Sevilla que lo vio nacer deberíamos mandarle a este embajador valiente todo el calor que merece quien prefiere hacer bien su trabajo antes que abonarse a posiciones cómodas y tibias.

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