Sin tecnología no hay vida

Sin tecnología no habrá empleo, ni futuro ni casi vida, como nos ha recordado el virus

Ha quedado clara, con la preparación de las vacunas contra el Covid-19, la gran diferencia que significa tener o no tener un fuerte desarrollo científico y tecnológico. El alarde de haber conseguido resultados eficaces en varios laboratorios en un año se enfría y mucho, si nos damos cuenta de que las patentes no son europeas, porque Reino Unido ya no está en la UE. Vacunas norteamericanas, ya son tres, y británica de un lado, rusa y china de otro. Dependemos de que nos las envíen. Y en pocos lugares de la Unión Europea están las fábricas para poderlas envasar y distribuir. Podemos darle muchas vueltas a la mala gestión, que es posible, y que la burocracia de Bruselas es lenta y prolija. Pero cada vez que leo u oigo la expresión Oxford AstraZeneca y veo sus laboratorios universitarios y las instalaciones de la farmacéutica y las comparo con las habitaciones en las que investigan y trabajan los científicos españoles del Centro Superior de Investigaciones Científicas me da un vuelco el corazón, aunque pienso, seguimos siendo ingeniosos hidalgos, seguro que lo consiguen. ¿Pero es lógico que esto sea así?

La brecha entre los países y regiones del centro y norte de Europa y las regiones del sur mediterráneo se amplía. Indicador tras indicador, de manera machacona y casi impertinente, como podemos apreciar claramente en las publicaciones del observatorio Eurostat de la Comisión Europea. En algunos mapas, por su expresividad, da un escalofrío enfrentarse a la realidad de qué representa Sevilla, Andalucía y España en el conjunto de Europa. Lo siento, no son buenas noticias, pero saber la verdad no creo que nos haga daño. Pueden ver el mapa Empleo en ciencia y tecnología con datos de 2019. España en su conjunto no llega al veinticinco por ciento de la población activa dedicadas a tareas que impliquen desarrollo científico y aplicaciones de tecnología. Pertenecemos al selecto club europeo de Córcega, Cerdeña, Sicilia, Calabria, Puglia y otras regiones del sur de Italia, Grecia, Chipre, Bulgaria, Rumanía y algunas comarcas de Hungría y Eslovaquia. Nos superan países que siempre hemos pensado menos desarrollados que nosotros: Irlanda, Polonia, las repúblicas bálticas y por supuesto nos superan ampliamente las grandes naciones centroeuropeas y nórdicas.

Como andaluces nos puede molestar, pero en España sólo tienen un desarrollo tecnológico similar al europeo Cataluña, País Vasco, Navarra y también Asturias, Galicia y la región portuguesa de Oporto. Las únicas zonas peninsulares a la altura de Inglaterra, Baviera y París son la comunidad de Madrid y la zona metropolitana de Lisboa. No nos consuela que nuestros vecinos extremeños sean los más atrasados en estos temas de ciencia y tecnología. Y eso que Sevilla y Málaga destacan en Andalucía, pero de nuevo es poco esperanzador. No nos desarrollamos científica y tecnológicamente al ritmo que necesitamos. Sin tecnología no habrá empleo, ni futuro ni casi vida, como nos ha recordado el virus.

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