Los toldos que perdimos

Por culpa de los toldos podía caer en desgracia un alcalde. Se nota que a Juan Espadas le perdonan todo

El toldo sevillano nunca fue una cuestión menor. En otros tiempos antiguos (muy anteriores a los del coronavirus), por culpa de los toldos podía caer en desgracia un alcalde. Se nota que a Juan Espadas le perdonan todo. No es raro que quiera seguir en la Alcaldía. Sólo cae en gracia. Vive plácidos domingos. Con otro, retrasar la instalación de los toldos hubiera provocado una batería de artículos de los cronistas locales, en modo arrebato de "alcalde babucha el pueblo está en la ducha". En la ducha o en la lucha, es igual, pues se consideraba que el toldo era indispensable para mitigar las calores de Sevilla, siempre fastidiosas en junio. En la plaza de San Francisco, los toldos eran elementos anunciadores de la Fiesta Grande. Corpus sin toldos hubiera sido una herejía, como una Semana Santa sin palcos y sillas. Ruina total.

Esas cosas se deben recordar porque hemos perdido las tradiciones y las buenas costumbres. Dijo el delegado del Hábitat Urbano, Antonio Muñoz, que estábamos en el periodo de reclamaciones de los toldos, y que esta semana se pondrán manos a la obra. ¡Jolín, los van a inaugurar para la Virgen de los Reyes! Siempre ayuda que haya coronavirus para decir que no pudieron cumplir los plazos de los contratos públicos, y que por eso no hemos disfrutado de la sombra en los días de 40 grados.

La Hiniesta Gloriosa y el misterio de la Cena pasaban bajo las portadas y los toldos, tras presidir sus altares Algunos creen que los 100.000 capillitas que participaban en el Corpus (y que posiblemente nunca más participarán, ya tienen la excusa perfecta) salían para pasear bajo los toldos. ¡Qué tiempos! ¡Qué costumbres! En un año normal, con Corpus en las calles, como antiguamente, enseguida iban a inaugurar los toldos en julio o agosto.

La oposición del PP de Beltrán Pérez (atenta a las ratas, pulgas, y demás bichos) no dice nada. Podrían haberlos incluido en el pacto de reconstrucción. Pocos se están dando cuenta, pero habrá que reconstruir las esencias más esenciales de Sevilla, que se va a quedar irreconocible en el futuro. Pedro y Pablo (felicidades, hoy es su santo) se empeñarán en prolongar la desescalada hasta el año 2050. Ya veréis lo aburrido que resultará todo.

Y los ecologistas del tranvía arboricida, ¿qué dicen? ¿Acaso los toldos no forman parte de las medidas contra el calentamiento global? ¿Acaso no eran como una barrera natural para rebajar las temperaturas? Desde que no hay turistas como los de antes, se preocupan menos por los sevillanos. Va a terminar el mes de junio sin toldos. Sin coronavirus vivíamos mejor.

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