El periscopio

León Lasa

Yo soy tonta (o me importa muy poco)

29 de junio 2014 - 11:07

LO primero lo ha dicho la pizpireta, mariasabelotodo y redicha Rosa Díez, esa rubianca teñida que va dando clases de ética por televisiones y saraos, respecto a su participación en un fondo de pensiones articulado a través de una Sicav; lo segundo es lo que deberían pensar algunos, muchos de los políticos beneficiados por esas prerrogativas al leer que la pensión media de un español no alcanza los 1.000 euros. Porque algo que preocupa cada vez más al ciudadano es cómo afrontar los últimos años de la vida, aquellos en los que la sensación de vulnerabilidad se acrecienta de manera acusada. Por ello, y ante el continuo resquebrajamiento del sistema público de pensiones por razones que todo el mundo conoce (demografía, desempleo, etc.), se nos anima a complementar esas cada vez más futuras y cada vez más menguantes pensiones públicas con aportaciones privadas que aseguren en la medida de lo posible una vejez digna. Los que puedan, claro está, porque con un salario medio anual de apenas 20.000 euros brutos o seis millones de desempleados, pocos son los privilegiados que se pueden permitir ese, déjenme denominarlo así, lujo.

Sin embargo, nos hemos enterado esta semana, hay atajos -legales, por supuesto- para garantizarse una tercera edad dabuten sin tener que depender del welfare state ni del ahorro "estilo hormiga" que se le debe suponer al probo padre de familia. Haga lo posible por convertirse en eurodiputado y suscriba un plan de pensiones que por cada euro que usted aporte, recibirá dos -sí, dos- de los fondos públicos, es decir, de sus impuestos, de los míos y de los del vecino; utilice una Sicav para obtener los máximos rendimientos fiscales posibles (aunque su partido las demonice en su programa electoral), y, si el pasteleo sale a la luz pública, utilice una vez más la regla de oro: "Yo no sabía nada". En fin. Otro escándalo más que opaca el anterior (por ejemplo, las mamandurrias del Tribunal de Cuentas, el máximo órgano fiscalizador del país, donde más de cien de sus setecientos empleados tienen conexiones de algún tipo con altos cargos del mismo...). Según el diario digital Infolibre, más de cien eurodiputados españoles se han beneficiado o benefician de ese fondo de pensiones. La única actitud a la altura de las circunstancias ha sido la del criticado Willy Meyer: sin excusas risibles ha asumido la responsabilidad y ha dimitido. Otros, como Ignasi Guardans, han declarado que no lo suscribieron porque arrojaba sombras que eran conocidas por todos. Ahora, la mayoría de esos eurodiputados, simplemente no sabe o no contesta. Como Rosa Díez, azote de corruptos, que ni siquiera declaró a Hacienda las aportaciones recibidas, según el mismo diario. Chapeau Rosita.

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