No es metáfora: se encoge el corazón, físicamente, cuando pensamos en el instante en que el microbús acelera y se estrella en La Campana, contra la pared y las personas que pasaban por allí. La sucesión de incidentes en los Tussam, cuatro en tres semanas, ha dirigido nuestra atención a la gestión y controles de la empresa de urbanos. Como debe ser. No es la primera vez que desde esta columna llamamos la atención sobre horarios, puntualidad, servicios o problemas de interconexión en los transportes públicos urbanos de Sevilla; como usuaria y vecina de esta villa, además, alguna vez he tuiteado al Ayuntamiento comentándole la irregularidad puntual cometida por un conductor malaje. Tuve respuesta inmediata, debo decirlo. Hoy también quiero escribir sobre estos autobuses, pero para mirarlos en lo que en estos días es su ángulo ciego: viajar en cualquiera de sus líneas es un resumen condensado de Sevilla, de las muchas sevillas que componen la ciudad. Como a Francisco Correal -le leíamos hace unos domingos la entrevista que le dio a Luis Sánchez-Moliní en Rastro de la fama- me encanta pegar la oreja a las conversaciones en el autobús; también entrever, observar, tomar nota, dejarme llevar por el extrarradio o por la imaginación. Uno de los primeros poemas que hice al llegar a vivir a Sevilla lo escribí en un tussam, a raíz de lo que me dijo una señora espectral que se sentó a mi vera. "Niña, vengo del Porvenir", dijo, como la humanoide de aquel viejo anuncio, que desde el futuro nos traía Neutrex Oxígeno. Qué susto.

Hay algo divertido en la carrerita tempranera para alcanzar el 6, en el 13 que nos pega a la pared por Feria; algo cómplice en el saludo de las autobuseras, hay atasco y pitada por Castilla a cada rato. Hay algo de gran evasión en pillarse el 27 rumbo al Este. En cierta ocasión, en el que lleva al Hospital, mi amor lloró en silencio. Hay ancianos que, en agosto, se cogen el circular y se dan seis vueltas tan fresquitos. En los que llevan a la feria o al fútbol pueden vivirse peculiares escenas colectivas. ¿Cómo puede haber teles, esas que llaman Canal Bussi, en los autobuses que atraviesan el espectáculo de las calles y los barrios de Sevilla? Los naranjas pusieron un aire moderno -ahora nos parecenretro pero igual de bonitos- a las avenidas desde los ochenta. No me sé la estadística, pero en los autobuses veo viajar a muchísimas mujeres, a currantes, a estudiantes y a sevillanos bien mayores. También a algún extranjero, que lo flipa. Los tussam han dado identidad urbana a nuestra ciudad. A la vez trazan, en sus trayectos, la cartografía de una ciudad viva y diversa, alejada de tópicos y esencias. Aquí, muchas gentes queremos seguir dando la vuelta al mundo de Sevilla con un bonobús. Eso sí, con la seguridad, la regularidad y la interconexión puesta al día.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios