Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

El último de la clase

ARTUR Mas es el político más torpe de la historia reciente de España y no crean que el ranking estaría poco poblado. Alguien que es capaz de desprestigiar hasta el extremo que él lo ha hecho una institución como la Generalitat y hundir para siempre a la fuerza política que representaba el espíritu de la burguesía catalana es para pasar a los libros de Historia y para servir de ejemplo para la posteridad de lo que nunca hay que hacer. Además, en una carambola que sólo se puede calificar de ridícula le ha dado alas a Esquerra Republicana, una fuerza que estaba amortizada y que de pronto vive una segunda existencia auspiciada sólo por las muchas tonterías perpetradas por el que hasta hace apenas unos años era la única referencia del nacionalismo catalán. Todo ello en un escenario de corrupción y de incuria política que ha llevado a Cataluña al escenario penoso en el que se desenvuelve en estos días: cercada por la corrupción, en desgobierno absoluto y en manos de grupúsculos antisistema que parecen sacados de una mala copia de una película de los Monty Python.

Cabría esperar que la actuación en los últimos años de Mas y la forma como ha destrozado a su Gobierno y a su partido hubieran escarmentado a la clase política española sobre qué alianzas se escogen y cómo se gestionan los resultados de las elecciones. Pero no. Si hay ahora mismo un dirigente que corre el riesgo de repetir los errores que ha cometido el frustrado presidente catalán es el socialista Pedro Sánchez. Si para salvar su sillón de secretario general y mantener el pulso que se le echa desde su propia organización cae en manos de Podemos , estará simple y llanamente condenando al PSOE a convertirse en un partido residual. La situación política se ha hecho tan compleja que hay varias batallas superpuestas y es complicado desbrozar el panorama. No es la menos importante de ellas la que se está dando por la hegemonía de la izquierda. Las formación que lidera Pablo Iglesias le está dando jaque al PSOE aprovechando la debilidad en la que lo ha colocado la actuación de Sánchez y los últimos resultados electorales. La trampa está tendida. Si el socialista cae en ella estará haciendo lo mismo que hizo Mas con Esquerra Republicana. Se habrá creído el primero de la clase cuando estaba lejos de serlo. Posiblemente era, como se ha demostrado sobradamente, el último.

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