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La nueva relación con Gibraltar

En el acuerdo entre España y el Reino Unido quedan muchas cosas por cerrar, pero se puede afirmar que la diplomacia española se ha apuntado un destacado triunfo

El principio de acuerdo alcanzado por España y el Reino Unido sobre el encaje de Gibraltar en la Europa de los 26, una vez consumado el Brexit, cuyo contenido fue conocido ayer, viene a satisfacer los principales objetivos marcados al comienzo de la negociación por el Gobierno y sienta las bases del Tratado Internacional que en el plazo de seis meses deberá dar forma definitiva a lo pactado. Tal y como anunció el pasado 31 de diciembre la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, el compromiso entre ambas partes se reflejará de forma gráfica en la desaparición de la Verja donde en la actualidad está establecido el control aduanero de entrada y salida del Peñón. Pero este importante paso, que permitirá el libre tránsito de personas y mercancías, no sería posible sin otros históricos puntos presentes en el mismo documento. Es el caso de la futura igualación, "en lo sustancial", de los aranceles e impuestos (el IVA y los especiales que gravan el tabaco, las bebidas alcohólicas y los combustibles) como consecuencia de la entrada de Gibraltar en la unión aduanera y para evitar que ese territorio se convierta en un paraíso fiscal a esos efectos con libre acceso. También es muy importante que España haya garantizado la presencia física de sus fuerzas policiales en Gibraltar a fin de controlar, junto con las autoridades del Peñón, las entradas y salidas por su puerto y aeropuerto, dos puntos estratégicos que pasarán a ser fronteras exteriores de la UE. No cabe lanzar las campanas al vuelo de forma precipitada, puesto que la negociación, superado este jalón, continúa adelante cambiando de escenario, que pasará a estar en Bruselas a partir de ahora. Allí España tendrá la voz cantante de la UE, con la garantía explícita de que todo lo que se pacte deberá tener como condición sine qua non su beneplácito al haber logrado capacidad de veto sobre los acuerdos. Quedan muchos flecos por cerrar en los aspectos citados, además de en materia de visados, trabajadores transfronterizos, Seguridad Social, transporte o medio ambiente, entre otros, lo cual no impide afirmar que la diplomacia española se ha apuntado un destacado triunfo. Y sin renunciar por ello a la reclamación de la soberanía de un Peñón que, a partir de ahora, va a situarse más cerca de España de lo que lo ha estado a lo largo de los últimos 300 años.

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