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Tribuna

J. M. Pérez Jiménez Pedro E. García Ballesteros

Inspectores de Educación

Cuidadores de almas

Al principio, el docente se puede sentir como un extranjero en un mundo medio desconocido, ya que pasó muchas horas viendo enseñar, pero no enseñando

Cuidadores de almas Cuidadores de almas

Cuidadores de almas / rosell

Es necesario tomar con sentido crítico la frase del Informe Mckinsey (2007): "La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes". De esta rotunda afirmación, reiterada ad infinitum en los últimos años, se podría deducir que todo el peso del sistema recae en los docentes pero, como es sabido, las organizaciones son más, o menos, que la suma de las personas que las forman. Con razón, el Catedrático de Sociología de la Educación Fernández Enguita habló del "error Mckinsey". El famoso informe no contemplaba aspectos cruciales como la organización de los espacios, los tiempos, los recursos, y la cultura, tanto institucional como profesional de los docentes, así como las determinaciones económicas y políticas que todo sistema educativo sufre.

Hecha la precisión anterior, queremos dirigirnos a los nuevos docentes que, superados los procesos selectivos, llegáis a los centros educativos. Los primeros años de la profesión son claves, porque se trata de una tarea compleja, laboriosa, paciente -sin resultados inmediatos sino, como mínimo, a medio plazo- y, por tanto, difícil. Los que llegáis sin experiencia previa sufriréis un "shock de realidad". Os veréis solos ante treinta adolescentes, sin más resortes que los recuerdos de vuestros años como estudiantes y, en el mejor de los casos, la reproducción de los actos de aquel profesorado que os marcó su impronta. Tendréis las mismas responsabilidades de todos pero escasas atenciones especiales.

La cultura tradicional de los centros educativos conduce al aislamiento. Sin embargo, en pleno siglo XXI, ejercer una profesión como la vuestra, inevitablemente colectiva, de manera individualista, conducirá a la merma de facultades, al desinterés e, incluso, al agotamiento. Es fundamental tener claro desde el principio, el gen colectivo del ejercicio docente. Lo que hagáis influirá en los demás y viceversa. Por ello, es imprescindible la observación de otras aulas, la apertura de miras, dialogar sobre lo que se hace sin miedo a confesar el error. Equivocaciones cometeréis, pero aislados se perpetuarán. Al principio, el docente se puede sentir como un extranjero en un mundo medio desconocido, ya que pasó muchas horas viendo enseñar, pero no enseñando. Por tanto, escuchar y aprender de tus colegas, es la mejor escuela pedagógica.

Los países que han reconocido el valor de sus docentes han adoptado políticas para atender su vida profesional, con programas estructurados en los años iniciales, apoyo y asesoramiento continuo, mentorías por parte de colegas expertos, con colaboración profesional para desarrollar un corpus común. Aquí, desgraciadamente carecemos de políticas que articulen la profesión docente. Pero su ausencia no justifica que no tengáis en cuenta algunos principios básicos: sois funcionarios públicos, no burócratas ciegos obligados al doble lenguaje de los "papeles", por lo que os debe guiar el servicio independiente a la sociedad; sois profesionales de la cultura y el conocimiento, por lo que debéis adoptar una actitud crítica ante el currículo y los medios para desarrollarlo, sin abrasaros en los fuegos artificiales de las modas; no confundáis el formalismo pedagógico con la auténtica pedagogía, la de Juan de Mairena, en la que la palabra y el lenguaje son llaves para el conocimiento. Vuestra enseñanza será la mejor garantía de equidad social y, para ello, defended la escuela pública como una de las mejores ideas que ha creado el ser humano, ya que a veces, con la excusa de criticar sus deficiencias, en el fondo se pretende atacar el derecho universal a la educación. Decía Italo Calvino, hablando del infierno, lo que encontréis valioso "hacerlo durar y darle espacio."

Estimados nuevos profesores y profesoras, de lo que no tenemos dudas, es que con vuestra actuación diaria, podéis hacer mucho por vosotros y vuestro alumnado. Leed mucho y despacio sobre todos los temas. No os convirtáis en ermitaños en vuestra aula, visitad otras. Hablad con vuestros colegas sobre lo que hacen y sobre lo que hacéis. Cuidad el clima de relaciones humanas en vuestros centros. Luchad juntos contra la desconfianza o el optimismo ciego, a pesar de los "cantos de sirena", de los que más deberían estimar vuestra labor. Tened presencia pública digna. Y mantened la creencia firme en las posibilidades de vuestro alumnado. Decía Rodolfo Llopis, en su libro La Revolución en la escuela (1933): "cada época demanda sus maestros". Vosotros debéis ser el profesorado para nuestra época.

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