Protestación de fe

"Las hermandades deben ser conscientes de la importancia que tiene que este acto no caiga en la rutina del protocolo"

El spóiler imposible

26 de febrero 2026 - 06:20

En estos días de cuaresma se suceden las funciones principales de instituto de la mayoría de hermandades como culminación de los cultos preparatorios de la Semana Santa, esos que procuran que los hermanos lleguen en la mejor disposición espiritual posible a la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo por las que limpió nuestros pecados y nos concedió la vida eterna. En esas funciones se renueva el voto y juramento que se hace cuando se entra a pertenecer a la hermandad como hermano, jurando sus reglas y en las cuales se realizan la protestación de fe como cristiano católico y el voto de defender cuantos dogmas ha establecido la Santa Madre Iglesia y que en alguna hermandad hasta antecedió la declaración dogmática.

A la hora en la que el sol traspasa de luz las vidrieras de las iglesias, cuando el tiempo se hace uno a través de los años, se renueva mucho más que un juramento de reglas, allí se certifica la solidez de la devoción compartida en el legado inmaterial de la fe, se igualan en la fraternal hermandad los compromisos personales de los que en la interminable fila buscan en el presbiterio el libro de reglas abierto y los Santos Evangelios sobre los que poner la mano de los juramentos para declarar públicamente su creencia y compromiso con cuanto la hermandad defiende y declara con la consabida fórmula del "así lo creo, así lo juro".

Pero hay más, mucho más en ese acto. Hay mucha herencia familiar, un juramento que traspasa las generaciones de padres a hijos y de abuelos a nietos, que se declara guardiana de los valores que se inculcan en las familias cristianas, la reserva de fe que mantendrá firme desde la hermandad al hogar cuando las circunstancias sociales sean menos propicias e incluso adversas a los largo no sólo de la vida sino de la historia.

Reserva espiritual

Muchos de los que integran las filas para renovar el juramento en la protestación de fe no son conscientes de la importancia del acto, pero llegará el día en el que se justificará como nunca lo que uno promete defender y se exigirá el cumplimiento so pena de que Dios mismo nos lo demande. El relativismo y el materialismo han ido socavando los valores de la sociedad y deshumanizando al hombre, el nihilismo y el ateísmo han luchado activamente por eliminar la presencia de Dios de nuestras vidas e incluso hay otra confesión religiosa que amenaza con la muerte y la destrucción al cristiano cuchillo en mano, con el fuego, con las balas o con el atropello en coche. No, no está tan lejos todo lo que relato, no es sólo una cuestión vital en Nigeria, donde ha alcanzado su máxima expresión con un genocidio que tantos mártires está entregando a la Iglesia, lo vemos cada vez más en Europa e incluso en nuestra tierra andaluza como en el caso del sacristán de La Línea de la Concepción.

Cuando zozobre el barco porque los vientos y las olas lo azoten pediremos a Jesús que calme las aguas y nos echará en cara nuestra falta de fe. Por eso las hermandades deben ser conscientes de la importancia que tiene que el acto de la protestación de fe no caiga en la rutina del protocolo, que no quede como una fórmula vacía de contenido que se pasa de unos a otros como una carta que nadie lee. Los hermanos deben pensar en la coherencia y compromiso que exige lo que se jura, que los votos se hacen para cumplirlos y que son depositarios de un legado de siglos por los que la Iglesia de Roma continuará viva siempre hasta el fin de los días.

Las hermandades y cofradías son una reserva espiritual, seamos conscientes de ello más allá del tópico. Vienen días de ponerse en la fila, con familia y amigos, con esos que son hermanos porque un día hicieron nuestro mismo juramento, con la mano derecha sobre los Evangelios y haciendo una reverencia ante el libro de reglas con las vitelas de los Sagrados Titulares repitan: “así lo creo, así lo juro”. Que Dios se lo premie y que nunca tenga que demandárselo.

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