Corbatas

23 de febrero 2026 - 03:09

El Instituto Nacional de Estadística se adapta a los nuevos tiempos, para calcular el valor del índice de precios de consumo usa una lista de productos en la que han entrado unos y han salido otros… como las corbatas.

Quien haya tomado esta decisión habrá paseado los pasillos de los ministerios, pero desde luego no ha visitado las hermandades de Sevilla. Aquí las corbatas son artículo de primera necesidad, ¿qué harían sin ellas esos hermanos que van a actos cofrades buscando visibilidad?, ¿dónde prenderían los más clásicos esos pisacorbatas con escudo? Ese artilugio sí que es rancio a más no poder.

Pero lo malo es que las corbatas muchas veces no son signo de clásica elegancia, sino bandera del figureo, del “aquí estoy yo”. Podríamos llamarlos tontos de la corbata, siguiendo al genial Paco Robles, o “paseacorbatas”, sólo sirven para ir detrás de su corbata de un acto en otro.

Pocas veces se les ve en la hermandad, excepto cuando hay foto, claro. Son un elemento fundamental de la feria de vanidades. Como las mujeres no usamos corbata somos más indetectables si entramos a ese juego, pero a lo mejor es que con corbata o sin ella vamos a trabajar, a servir y no a servirnos, porque hemos tenido que demostrar el valor que no se nos ha supuesto; como era en las condecoraciones militares: valor supuesto y valor demostrado. Si esto existe en todo grupo humano, también en las hermandades.

Debemos seguir todos y todas (como está de moda decir) ese consejo del Venerable Mañara: “Esta casa durará mientras a Dios temieren y a los pobres sirvieren, y entrando en ella codicia y vanidad se perderán”. Buen aviso a navegantes: codicia y vanidad no deben entrar en las hermandades.

stats