La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Tablada no se inunda
El interlocutor nos alerta por cuanto nos afirma como por los golpes que nos da en el brazo: "¡Tablada no se ha inundado ni con la borrasca de noviembre ni con el tren de borrascas de febrero! ¿Tú te has dado cuenta? Nos hemos hartado de ver calles del centro y de los barrios que parecían ríos navegables, garajes impracticables, parques cerrados, colegios suspendidos y carreteras cortadas o llenas de socavones. ¿Tú has oído algo de la Tablada que siempre se refiere como inundable? Nada de nada. Míralo bien". Los temporales, es cierto, han sacudido Sevilla en noviembre y en febrero. Sacados de la pila de la Aemet con sus nombres diversos: Claudia, Harry, Leonardo... Todos han sido intensos. En el mes de los difuntos se activó el plan de emergencias y reeditamos en color imágenes de la riada de 1961 en pleno centro de Sevilla. Vimos la calle Alfonso XII convertida en una suerte de prolongación de la dársena. ¿Y la cantidad de garajes anegados? El alcalde Sanz dijo en noviembre de 2024, pocos días después de la tragedia de Valencia, que en Tablada se cumplirá el PGOU vigente, que declara el terreno no urbanizable y de especial protección por su inundabilidad, además de impulsar la figura del parque metropolitano para la que falta el compromiso de la Junta. Fue una declaración condicionada por el desastre valenciano después de algún amago en el inicio del mandato para abrir la opción de la construcción de viviendas y zonas verdes. Valoramos el retorno al Plan General como una decisión sensata.
Tablada tiene una extensión de 700 hectáreas, donde se podrían construir viviendas e incluso un gran parque. La antigua dehesa abarca el mismo espacio que todo el casco antiguo, Triana, Los Remedios y la Feria juntos. La ciudad vive a espaldas de Tablada, que si acaso nos evoca la base del Ejército del Aire. Pasan los años y nos han aburrido (como con todos los proyectos importantes) con la venta de humo sobre posibles inversiones y usos que nunca llegan. Ahora, al menos, tenemos la certeza de que Tablada no se ha inundado ni cuando ha hecho falta cerrar la compuerta del Parque de la Vega de Triana como protección en los días de aumento del caudal del río. Ha ocurrido dos veces: en marzo de 2025 durante la borrasca Lawrence y este mes de febrero con la borrasca Leonardo. Igual que el retorno a la literalidad del PGOU fue motivado por la desgracia valenciana, no sería de extrañar la enésima reapertura del debate sobre un ingente espacio que está ahí, como si no existiera. En menos de un año se han sufrido tres episodios de fuertes borrascas y Tablada no se ha convertido ni en una marisma. Los urbanistas serios, que son distintos a los buscadores del pelotazo, advierten de la oportunidad, pero con esa voz baja con la que se dicen las cosas en una ciudad hastiada del humo. Ahora hasta Montero nos habla del sueño de conectar el aeropuerto con Santa Justa. Claro es año electoral. Pero las borrascas no entienden de estrategias. Han sido muy fuertes y Tablada lo ha soportado todo.
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