Ciudadanos activos contra la cochambre

Javier Compás denunció una agresión al paisaje urbano que ya ha sido subsanada por Urbanismo

La cuadrilla de la obra de la Avenida

El modelo de la Fontana de Trevi en la Plaza de España

El antes y después de la fachada de la calle Rivero.
El antes y después de la fachada de la calle Rivero. / M. G.

18 de febrero 2026 - 04:00

Fue el 10 de febrero cuando el escritor Javier Compás, al que pueden leer con frecuencia en estas páginas en las que se cuenta espléndidamente la actualidad de esta ciudad desde hace 27 años, denunció en las redes sociales la barbaridad perpetrada en el número uno de la calle Rivero. A veces encontramos alguna perla en el fango de estas fosas sépticas, vecinos activos a los que les duele su ciudad. Compás preguntó en público si era legal la cochambre de rótulos y reclamos en una fachada muy próxima a Sierpes, en ese corazón urbano que deberíamos cuidar como una joya. Ayer, 17 de febrero, la fachada estaba limpia y pulcra como una patena. La Gerencia de Urbanismo, a la que tantas veces criticamos por tantas cosas, ha estado rápida en la ejecución subsidiaria ante la pasividad del infractor a la hora de subsanar el incumplimiento denunciado en el correspondiente expediente disciplinario. Las horripilantes publicidades eran, por supuesto, no legalizables. La suerte de la propiedad es que no habrá multa coercitiva, pero sí tendrá que pagar los costes de una operación que puede superar los dos mil euros. El Ayuntamiento tiene adjudicada a una empresa la labor de retirada de estas cochambres. Suele actuar con celeridad en Alemanes, Plaza del Salvador, Hernando Colón, Chicarreros... Está previsto que pronto se centre en la Campana y en Santa Cruz. ¡Falta hace que esta brigada se afane en la lucha contra el que siempre calificamos como el tormento de Sísifo hispalense!

Está visto que la denuncia es el método más eficaz para reducir el proceso de afeamiento de la ciudad, como ocurre cuando se acumula basura en lugares indebidos. Un ciudadano como Compás que desenfunda el teléfono para dejar en evidencia una mala práctica es un vecino responsable. El sevillano debe salir del burladero de la comodidad y demostrar que cuida de su patrimonio. El centro de Sevilla no puede tener rótulos, banderolas y reclamos como si fuera el Polígono Store o el de la Carretera Amarilla. Asistimos cada día a auténticas barbaridades: agresiones al paisaje, terrazas de veladores que embisten contra fachadas y dejan un espacio mínimo al peatón, pizarras abatibles en cualquier lugar de la vía pública, luminosos estridentes... Bien está que se hayan desactivado las luces rojas de la Casa Fabiola, o que se haya abierto un expediente a quien ha pintado un muro de azul en el paisaje de Triana que ahora se sufre desde el Paseo de Colón. Habrá que ampliar la brigada contra estos horrores. Y seguir el ejemplo de Compás en las redes sociales. Los ciudadanos que no se callan y que muestran un compromiso y un criterio adecuado –sin histrionismos ni hiperventilaciones– son los que cuidan y hacen mejor una ciudad.

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