La ciudad de las dos velocidades

La Caja Negra

En una misma mañana se aprecia una cola de sevillanos en la Puerta de Jerez para hacerse con los abonos de las sillas y otra de turistas en medio de la plaza para entrar en el templo del Salvador

Bofetada azul en el paisaje de Triana

El modelo de la Fontana de Trevi en la Plaza de España

Dos colas diferentes esta semana en el centro de la ciudad.
Dos colas diferentes esta semana en el centro de la ciudad. / M. G.

No somos tan distintos los sevillanos que evitan el centro de los turistas que lo invaden. Todos guardamos colas de espera. Los unos por un interés definido y los otros por criterios en ocasiones absurdos. Los sevillanos ocuparon la Puerta de Jerez durante horas para recoger los abonos de las sillas de la carrera oficial. Nadie pierde la silla una vez pagada. El problema sería, como con las casetas de Feria, que los asientos no sean abonados en el plazo fijado. Pero nadie quiere dejar de recoger los boletos en el plazo estipulado. Por si acaso. Riesgos cero. Ahí está la imagen que clama por sí sola. Cualquier cosa menos perder las sillas, que son motivo de discordia en casos de separación o herencia. Si hay que echar la mañana pasando frío, se echa sin mayores quejas. Una hora, dos, las que hagan falta. Hay quien contó las veces que pasó el tranvía con su campanita activa. Todo menos tener pleitos con el Consejo de Cofradías.

No muy lejos de la cola de los sevillanos estaba la de los turistas para acceder al templo del Salvador, previo pago de la entrada. Los incautos viajeros no se colocan de forma paralela a la verja, sino cortando la plaza. Una cola “transversal”, como nos apuntó un fino observador. En una mañana se ve la ciudad de las dos velocidades. La de los de aquí y la de los de allí. Dos velocidades y dos realidades en armonía y convivencia, como les gusta destacar a los políticos. No somos tan distantes. Entendemos la cola del Salvador, pero nos cuesta las que vemos para entrar en bares que no son nada del otro mundo, en tiendas de galletas o en cafeterías que te atienden por un agujero. Entendemos que haya que esperar para el médico, la farmacia o el urinario de un bar, pero no a la intemperie para coger mesa en un restaurante donde no hay estimación sobre a qué hora habrá hueco y, peor aún, en qué condiciones.

Nosotros aprendimos a hacer cola para conseguir entradas para los partidos de la selección española en el RamónSánchez-Pizjuán o en el Benito Villamarín y, por supuesto, para visitar los pabellones de la Expo. Tenemos una cultura de la cola muy interiorizada y selectiva. La cola es para cosas serias. El sevillano no la hace cola para tomarse una cerveza, marinea en el interior hasta alcanzar la barra o se marcha directamente a otro sitio. La cola seria es para retirar los abonos de las sillas. Si Gibraltar se hubiera defendido como esos abonos, el Peñón sería hoy de soberanía española.

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