Echar raíces

"Las hermandades precisan reforzarse intelectual y doctrinalmente, crear o adquirir conocimientos y buscar formas de aplicarlos"

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Varios nazarenos dirigiéndose al templo de la cofradía.
Varios nazarenos dirigiéndose al templo de la cofradía. / Europa Press / María José López

23 de febrero 2026 - 11:14

Los días pasados hemos vivido vendavales que no se recordaban por aquí. Después hemos comprobado las consecuencias. Daba pena ver árboles, de preciosa copa, con las raíces al aire y comprobar que éstas eran insuficientes para fijar al árbol en situaciones extremas. Otros con un tronco robusto pero hueco, quebradizo ante cualquier adversidad. Palmeras lamentando haber crecido tanto, preocupándose sólo de la copa, sin caer en la cuenta de que, paradójicamente, con su crecimiento aumentaba su debilidad.

Cuando al final de la pandemia alguien me preguntó cómo iba a ser la Semana Santa después, le dije que no lo sabía, pero que desde luego algo iba a cambiar. Ahora ya lo sabemos, las hermandades han acelerado el crecimiento que ya venían experimentando antes. Están viviendo momentos de éxito: crece el número de hermanos; se renuevan candelerías, sayas, mantos y casas de hermandad; también crece el endeudamiento; las bandas de música pasan de acompañantes a protagonistas; cada vez vienen más forasteros a contemplar ese maravilloso espectáculo que ofrecen las hermandades en su recorrido.

Pero a la Semana Santa ya le han estallado las costuras. No es una opinión, es una evidencia física. Los cortejos ya no caben en la carrera oficial, por mucho que se ajusten los minutos de paso por la Campana y los diputados de gobierno aprieten a los nazarenos. Ahora sí, se corre el riesgo de morir de éxito.

Un delicado equilibrio

Gestionar el éxito es complicado. Requiere humildad para reconocer que el éxito viene inducido no sólo por la excelencia en la gestión, también por factores externos, y tratar de identificarlos, entenderlos y dominarlos. Estamos en un escenario social y religioso distinto, en el que es necesario recomponer ese delicado equilibrio entre religiosidad popular y raíces doctrinales. Este cambio de escenario supone también un cambio en el modelo de gestión, lo que exige la adquisición y aplicación de nuevas capacidades y reforzar los conocimientos necesarios, en teología moral y antropología cristiana, para fundamentar ese éxito y no ser como esas palmeras que, cuanto más crecen y destacan, más débiles se vuelven ante los vendavales.

A lo mejor nos estamos preocupando mucho de la frondosidad y belleza de la copa, de sobresalir frente a las demás; pero alguien tendrá que comprobar la fortaleza de las raíces y aportarle nutrientes que fijen el árbol para que éste resista los vendavales laicistas que le azotan. Los nutrientes son la formación de los hermanos y, anteriormente, las raíces teológicas y antropológicas de la hermandad. Las raíces no se ven, es una tarea poco brillante, pero imprescindible.

Las sociedades cambian. La clave de la supervivencia de las hermandades durante siglos ha sido su capacidad por detectar esos cambios y adaptarse a ellos sin perder su esencia.

La decadencia, una elección

Cuando hay elecciones, en el proyecto de hermandad de los aspirantes a hermanos mayores -me niego a llamarlo “programa electoral”-, hay frases que siempre aparecen: que la hermandad sea una familia, fomentar la unidad, algún proyecto de acción social, formación y poco más. A eso se añade lo interesante: lo relativo a la conservación o aumento del patrimonio, al recorrido de la estación de penitencia y otras cuestiones parecidas. Siempre hay excepciones, afortunadamente, porque con esa munición una hermandad no resiste el huracán del populismo que, como el viento, se cuela por cualquier grieta y arrasa todo lo que no está firmemente anclado.

Digo algo que me va a costar la crítica de algunos, una vez más: las hermandades precisan reforzarse intelectual y doctrinalmente, crear o adquirir conocimientos y buscar formas de aplicarlos. Tomar ejemplo de las escuelas de negocio: enseñan a identificar los puntos débiles de las empresas, cuál es la situación del mercado y cómo preparar las soluciones adecuadas a cada caso. Conscientes de que en ello va la continuidad de la empresa.

Algo está cambiando ya en las hermandades, y se nota. Ahora la decadencia es una elección.

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