Con la venia

Manuel García Fernández

Decíamos ayer...

19 de febrero 2026 - 03:08

Con la venia de los lectores, retomamos en la presente cuaresma esta columna de opinión, algo más de diez años después. Si bien el tiempo aspira a ser siempre terapéutico para todas las hermandades; no es menos cierto que las cofradías de hace una década, con sus luces y sombras, han experimentado una evidente evolución paralela a la del resto de la sociedad sevillana. La pandemia y sus consecuencias, así como las nuevas leyes protectoras de identidades privadas o colectivas han transformado muchos cánones procesionales. En el transcurso selectivo que impone Cronos se ha incentivado a determinados colectivos, que ya entonces se veían como determinantes; costaleros, capataces, bandas de músicas, etc. Pero en este proceso evolutivo de las hermandades, por el contrario, no se ha prestado, salvo excepciones, el mismo criterio de valorización a los nazarenos de cera o cruz. Las nóminas de las cofradías han crecido; y las mayordomías también. Pero la cantidad no ha sido proporcional a la calidad en la formación de los nuevos cofrades.

Seguimos teniendo la misma falta de identificación cristiana, y no sólo en las “tripas” de los cada vez más prolijos e incontrolados cortejos procesionales, sino en las abarrotadas calles de la ciudad. Además, las profusas redes sociales y de comunicación modernas han introducido cambios consustanciales y definitorios; y lo que está por venir con la pujante IA. Es un campo peligrosamente abonado al nihilismo, a la deflación de los fundamentos cristianos, que los cofrades debemos fiscalizar siempre por el bien de las hermandades para admitir que, a pesar de todo, cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor.

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