¿Información o comunicación?

"En el afán de la hermandad por seguir enviando comunicados informativos, el nivel de éstos desciende a niveles irrelevantes"

El repunte cristiano

Nazarenos pasando por el Arco del Postigo.
Nazarenos pasando por el Arco del Postigo. / Juan Carlos Vázquez

13 de febrero 2026 - 11:55

Para apreciar bien un cuadro hay que retirarse un poco, tomar perspectiva y contemplarlo en su conjunto. Lo mismo ocurre con las hermandades. Hay que situarlas en el conjunto de la sociedad y del momento histórico.

Las personas se reúnen en organizaciones para alcanzar unos fines que interesan a todos, pero que cada uno no puede conseguir en solitario. Una empresa mercantil, una ONG, fundación, asociación deportiva o cultural, de investigación o religiosa, son organizaciones de personas. Una hermandad también es una organización de personas, con una clara diferencia con respecto a las demás, ya que sus fines son trascendentes: la celebración del culto público, o litúrgico, el fomento de la virtud de la Caridad y la formación de los hermanos y, a partir de ellos, del resto de la sociedad.

Esta singularidad de las hermandades no supone que estén exentas de los procesos comunes a todas las asociaciones de personas, por ejemplo la comunicación, que ha de ser especialmente cuidada en una organización tan sensible como es una hermandad.

Conceptos distintos

La primera cuestión a tener en cuenta es que información y comunicación son conceptos distintos. Comunicar a los hermanos los días de reparto de papeletas de sitio, la próxima celebración de unos cultos, o la fecha y horario de una sesión de formación, es información, necesaria y oportuna para los hermanos y, en alguna ocasión, también para los demás. A veces ocurre que las noticias de interés se agotan y, en el afán de la hermandad por seguir enviando comunicados informativos, el nivel de éstos desciende a niveles irrelevantes ¡Incluso el cambio del aguador es objeto de un comunicado a los medios!, es un caso real.

Por eso no hablamos sólo de información, sino de comunicación, de trasladar a los hermanos, y al público en general, los valores y conceptos que caracterizan a cada hermandad, su imagen, para que los hermanos se vean reflejados en ella y los demás se hagan una idea cabal de la misma.

Eso supone la elaboración de un Plan de Comunicación, para lo que hay que identificar previamente la imagen de la hermandad, sus señas de identidad, el conjunto de rasgos propios que la caracterizan y definen.

Éstos habrán de ser los protagonistas del Plan de Comunicación. Importa mucho que la hermandad reconozca y defina su identidad, la preserve, la potencie y la transmita fielmente al exterior, para que ésta sea reconocida. No se trata sólo de transmitirla, también es necesario comprobar la eficacia de esta comunicación, si el público al que nos dirigimos, empezando por los hermanos, percibe la hermandad tal como nosotros la hemos definido y queremos comunicar.

Condenado al fracaso

En una hermandad todo comunica: los mensajes en las redes, la organización y desarrollo de los cultos, la maquetación y contenidos del boletín de la hermandad, las actividades organizadas y su desarrollo, la compostura en la salida penitencial. Hasta la actitud y habilidad del hermano mayor en las relaciones sociales, su tono humano, han de transmitir las notas diferenciales de la hermandad, su imagen.

Pero esa comunicación ha de asentarse sobre bases reales. Pretender comunicar la imagen de una hermandad ideal que sólo existe en la mente de su hermano mayor y junta de gobierno, es un empeño condenado al fracaso. La comunicación se asienta en los valores de la hermandad. Si éstos están camuflados o no existen, la comunicación sería falaz.

Un último apunte. En demasiadas ocasiones se confunde la información, la acumulación de datos, con el conocimiento y consecuentemente con la sabiduría. De aquí surgen admirados eruditos que conocen perfectamente los itinerarios y horarios de todas las hermandades y la autoría de cada elemento de los distintos pasos, entre otras habilidades, considerándose expertos cofrades; pero son meros acumuladores de datos, no de sabiduría.

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